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America is different

De casualidad escuche el discurso de Donald Trump al Congreso de Estados Unidos. Sumido en la desesperación del tráfico nocturno de esta ciudad, pensé que era la mejor opción para pasar el mal rato, pero fue todo lo contrario. La retórica del que se cree el rey del mundo sigue siendo la misma, desde que el actor de segunda Ronald Reagan puso en escena su histrionismo teatral, la historia se repite, ahora en la era de la posverdad.  

La hegemonía global que hasta ahora tiene Estados Unidos en algunos campos, principalmente en el militar, no le da derecho de dictaminar por el resto del mundo. Sin embargo, se cree con el poder suficiente para hacer eso y más. Habla con mucha facilidad de Venezuela, Siria, Irán e Irak, países que han sido hostigados hasta el sufrimiento por parte de los Estados Unidos.

Habló y fustigo a los migrantes con un desprecio lamentable. Buscó por todos los medios posibles culpar a estos por la decadencia de la economía gringa y en su paso salió a relucir el nacionalismo racista de la “América blanca”. Su intención de construir el muro sigue latente y será el tema principal, por lo visto, de su campaña para la reelección, pues asume que hay una crisis migratoria que amenaza la seguridad de ese país.  

Fue hasta cierto punto ignorante y demagogo, como todos los presidentes anteriores. Cuesta creer, por ejemplo, la defensa que hace del retiro de Estados Unidos del tratado de armas nucleares de alcance intermedio y su determinación de gastar más dinero en armamento. Un país que ha estado involucrado en el 90% de los conflictos bélicos que se han producido después de la Segunda Guerra Mundial y que gasta el triple de otros países de su presupuesto en gasto militar, no puede justificar la barbarie.

Nancy Pelosi, la líder de la Cámara de Representantes dijo que “llevará días verificar todas las tergiversaciones que el presidente hizo esta noche”. El The Washington Post contabilizó 26 afirmaciones del presidente como falsas. Aplican la ley del embudo y mienten con una facilidad descomunal cuando hablan de otros países, como que si fueran los llamados a poner orden alrededor del universo.  

Fue un discurso chovinista y patético que no los hace diferentes en nada.

Fotos: BBC

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