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Crisis económica a la vista

¿Es real la amenaza de otra crisis económica? Es una pregunta que se repiten con frecuencia diversos analistas al revisar las cifras del desempeño económico de los países más desarrollados.

Muchos apuntan a una crisis en el centro del poder, Estados Unidos. La tasa general de ganancia sigue a la baja, por su parte las tasas de interés se han incrementado en Estados Unidos, dada la flexibilidad cuantitativa que utilizan para mantener a flote la economía. Es esto sostenible.

La deuda global de los Estados Unidos continúa creciendo, también la deuda privada. Para la Reserva Federal el costo del servicio de la deuda se ha convertido en un problema. A esto se suma el anuncio de países importantes de no continuar utilizando el dólar como moneda de reserva en sus transacciones.  El papel dominante del dólar y los flujos de financiamiento se sostienen siempre y cuando Estados Unidos pueda respaldar dicha situación, sin embargo, dadas las circunstancias el costo de la deuda tiende a incrementarse.

Los indicadores bursátiles registraron importantes caídas a finales del 2018 y con una tendencia a la baja para los primeros días del 2019. Estos aspectos tienen que ver con la situación política de Estados Unidos y la administración de Donald Trump.  

Los ciclos económicos de crecimiento de la economía de Estados Unidos muestran un crecimiento en el tiempo, que no parece sostenible en el corto plazo, dado el enfrentamiento comercial que tiene con las principales economías del mundo: la Unión Europea y China.

La segunda parte del mandato de Trump si inició con parte del gobierno paralizado, con la disputa del presupuesto con los demócratas. Su eje inicial de trabajo se ha visto cuestionado por los propios miembros de su partido. La disputa de la globalización financiera y el papel de los Estados Unidos ha sido cuestionada por el propio presidente, pero sin el respaldo suficiente de su propio gabinete, tal y como sucedió en Davos.  

El final de los tratados de libre comercio tal y como se conocieron en otros tiempos, marca una etapa de proteccionismo y cambio sustancial en los mecanismos del comercio internacional. La regulación internacional que se confeccionó para esa estrategia ha quedado desactualizada y está siendo sustituida por nuevos acuerdos y legislaciones nacionales que darán al traste con la configuración económica del libre comercio como se conoció una década atrás.  

Eso significará un cambio sustancial que a su vez puede provocar el empujo que le hace falta para desencadenar una crisis en el sistema.

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