Democracia

De qué lado estás

Estamos igual o peor que el 2015, con incertidumbre, pero con una ofensiva corrupta que puede marcar el antes y el después del proceso de lucha contra la corrupción.

Los acontecimientos de las últimas semanas, muestran que Jimmy Morales sigue obteniendo aliados, y la amenaza represiva siempre está sobre la mesa. En el clima de derechización existente en el país, los operadores políticos de la derecha se arropan con el manto del nacionalismo, del respeto del estado de derecho e impulsan una cruzada santa contra el comunismo y por la unidad del país, cuando en realidad son corruptos que se empeñan por mantener intactas las estructuras criminales del Estado cooptado. El mandatario es su principal estandarte.

En este momento el conflicto sigue siendo jurídico. Se podría ampliar a un conflicto socio político más amplio, ligado principalmente a la generación de una Asamblea Constituyente, pero para que eso pase, la correlación de fuerzas debe cambiar. Por ahora el empeño mayor sigue siendo el cambio del papel de la CICIG, la expulsión de Iván Velásquez, la cooptación de la Corte Suprema de Justicia y la elección del próximo fiscal general. Y para todo ello, el tiempo apremia.

La plaza se moviliza, pero no con la contundencia del 2015. Un giro en las restricciones democráticas puede ocasionar una mayor movilización o un freno completo a esta situación. Ambos casos pueden suceder. Los empresarios siguen arropando al mandatario, pesa más el ámbito ideológico, el temor a que se construyan espacios para la izquierda dentro del aparato estatal, que los costos que implica apoyar a un gobierno sin rumbo.

El diálogo propuesto no dio resultado, básicamente por el desprestigio de los interlocutores, incluyendo los empresarios que en su momento lo impulsaron. La transición en el congreso, sobre algunas reformas legales en concordancia a lo que exige la plaza, puede posponer el conflicto jurídico, que ya está en marcha.

La reforma constitucional, sea por medio del congreso actual o dentro de una asamblea constituyente, no se vislumbra posible.

La política de la confrontación puede dar paso a la política de la inacción, esperando que los períodos legales de ciertas instituciones cambien la correlación de fuerzas. O actuar, contra el tiempo, para judicializar procesos aún en investigación. En todo caso, la política estará supeditada a las cortes, y la calle a la acumulación de fuerza. La obligación de asumir postura es fundamental en estos momentos. Por eso hay que preguntarse: ¿Y yo de qué lado estoy?.

 

Fotografía Reynaldo Polanco

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