Democracia, Política

El ocaso del señor Oro

El escritor peruano Mario Vargas Llosa escribió aquella recordada novela histórica “Conversación en la Catedral” en donde describe con suma precisión el envilecimiento colectivo que sufre el pueblo y que les genera una imperturbable frustración, cuando un gobierno dictatorial asume el poder a través de la corrupción y la represión. En ese relato hay una frase que hoy se recuerda con precisión: “Zabalita, ¿cuándo se jodió el Perú?”.

La misma pregunta nos hacemos aquí: “¿Iván: cuándo se jodió el país?

Nuestra historia tiene mucho recorrido, con momentos frustrantes como la derrota de la revolución del 44 en manos de la llamada “liberación”, y también demasiados personajes siniestros, genocidas incluso. Pero en la historia reciente, un nombre sobresale, Alvaro Arzú. El heredero del mico Sandoval y del MLN, de los escuadrones de la muerte y del temido estado mayor presidencial.

Una historia sangrienta que merece ser puesta a escrutinio para responder la pregunta que se hace el escritos en la novela.

De la corrupción, Arzú también tiene mucho que decir.

Vendió Guatel, de las pocas empresas que distribuían utilidades al Estado por un precio ridículo. Liberalizó la economía bajando el arancel del maíz, el trigo y el pollo por debajo de los requerimientos de la OMC, generando una situación de inestabilidad alimentaria que hoy nos convierte en uno de los países con mayor cantidad de niños desnutridos en el mundo. Fue el rey de las privatizaciones, Empresa Eléctrica, Bandesa, Fegua, entra otras y el dinero de esas ventas aún hoy no se sabe en qué se ha utilizado (250 millones aproximadamente). Construyó una autopista con dinero público que luego privatizó beneficiando a familiares. Generalizó el uso de los fideicomisos, una figura poco transparente de fiscalizar fondos públicos. Nunca se resolvió de manera integral el problema del transporte público urbano, más bien propició una segmentación del servicio que beneficio a empresas y empresarios que lucran con las necesidades de la gente. Fomentó la violencia al interior de la Universidad de San Carlos al sostener y patrocinar a los grupos de choque que se apropiaron de la AEU en los últimos 15 años. Presume de pasos a desnivel, que nunca solucionaron el problema del tráfico, pero si crearon un esquema de financiamiento a empresas constructoras que luego se replicó en la administración central. En su período, mataron al obispo Gerardi, y los favores a los familiares de los dos involucrados muestran una relación estrecha que debe ser aclarada.

Los medios de comunicación recogían la noticia, pero era difícil entender la nota principal. Si la presencia de Arzú en la conferencia de prensa o la denuncia del MP y la CICIG contra la estructura mafiosa que utilizó la municipalidad capitalina para sus fechorías.

Lo cierto es que con esta denuncia, uno de los principales arquitectos del entramado corrupto del Esado, ha sido acusado. Un poderoso cacique que configuró ese proceso de cooptación corrupta en las instituciones públicas. Los hechos pueden significar un punto de quiebre para terminar con la corrupción estatal. Pero Arzú es un hombre con poder. Un hombre determinado y aferrado a mantenerse vigente, y un hombre de armas tomar, como él mismo lo dijo.

Una acusación contra un personaje que tiene mucha responsabilidad en el estado de cosas en que nos encontramos, merece ser portada de los diarios. Pero también, que sea puesto a disposición de un tribunal. Quizás eso sea lo más importante.

No es la última vez que asistimos a un espectáculo desagradable de este señor, pero si puede significar el principio del fin de su carrera política, una casta de encomendero feudal, caudillo con aire propio y añejo, que con su prepotencia tan caracteristica, pensó que nunca estaría frente a la justicia.

Arzú puede ser culpable de muchas cosas y no sólo del alterar facturas para generar financiamiento ilícito para su campaña. Pero como sucedió en el caso de Eliot Ness y Al Capone, por ahora es un principio. Solo por ahora, pues el prontuario de este señor puede ser mayor.

Fotografía: Guatevisión

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