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Independencia

Reflexionar sobre la independencia me genera parálisis mental. Más cuando acabas de leer “La patria del criollo” de don Severo y luego escuchas desde tu casa, el llamado que la directora de un colegio privado hace a los estudiantes sobre el respecto a la patria, a Dios y a la ley en la presentación del acto cívico.

Entonces te viene a la mente aquel eslogan del partido de la violencia organizada que decía “Dios, Patria y Libertad” (de mercado), cuyo sobreviviente más insigne es el último cacique de los criollos que dejo la ciudad paralizada y te paralizas por aquellas casualidades.

Sales de tu casa para presenciar el “acto cívico de la independencia” y te encuentras que un colegio privado utiliza sin rubor el único espacio público del vecindario. En una tarima improvisada, con unos toldos cortesía de la cervecería centroamericana, hay un maestro de ceremonias que no puede articular una idea concreta del significado de la independencia y entra tantas cosas termina presentando una “estampa típica de la gloriosa gesta indígena”, que no es más que unas niñas de primaria disfrazadas de indígenas, interpretando un baile del folclore colonialista que perdura en nuestras mentes mestizas.

Regresas a casa, enciendes la tele para ver las noticias y encuentras los info comerciales que la tv “nacional” de propiedad extranjera, en donde pasan el discurso de Jimmy Morales en el congreso.

Haciendo gala de sus virtudes, que son pocas, por cierto, hace un llamado a la unidad y evitar la confrontación entre “hermanos”, a pocos días de haber desterrado a Iván Velásquez de Guatemala y tratar de destruir el trabajo de la CICIG. No por el bien del país, sino para perpetuar la corrupción institucionalizada de la cual se benefició él y su familia.

Cuando eso pasa te das cuenta que ese llamamiento a la unidad va dirigido únicamente a los que tienen una posición similar y comparten intereses comunes con el pacto de corruptos y golpistas. Te acuerdas entonces aquellos pasajes del libro de don Severo, sobre la revuelta de los indígenas, los intereses de los conservadores y los enfrentamientos que hay entre ellos y los españoles por concretar el poder en las tierras colonizadas.

Quizás suena a rancio, pero celebrar una independencia criolla no puede generar ningún sentimiento patriótico. Más cuando ves 197 años después, que las cosas siguen casi igual que antes, y como país vamos a marchas forzadas por la senda del totalitarismo que invade todos los ámbitos de nuestra vida, forzando a través de las instituciones a tener una actitud condescendiente de lo que pasa. Lo ves aquí, en la escuela privada que reproduce esa visión idílica del gesto criollo por perpetuar el poder colonial.

Vaya independencia la que celebramos.

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