Por qué la crisis aún no termina

WallStreetBull450 A pesar de la euforia difundida por los medios de comunicación sobre el final de la crisis, la noticia de la recuperación se ha convertido en especulación y el entusiasmo ha durado poco. La realidad se ha encargado de mostrar las contradicciones existentes en el sistema y deja ver varios síntomas del deterioro continuado en que se encuentra la economía de los países más desarrollados, especialmente de Estados Unidos. Por ello es poco responsable pensar que lo peor ha pasado.

Estados Unidos implemento el plan de rescate más grande conocido hasta el momento con el objetivo de afrontar la crisis sin modificar el sistema. En otras palabras, propicio cambios para que nada cambie. Los resultados obtenidos son pocos y marginales, lo que hace prever que la situación lejos de volver a la normalidad se está complicando, al apoderarse la incertidumbre del sistema.

Esto se debe a que el flujo de fondos que el gobierno federal destino para el salvamento bancario no ha frenado la quiebra de algunos bancos y otros siguen en situación de insolvencia. El mismo director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, no se fía. Considera que cerca del 50% de las pérdidas de los bancos podrían seguir ocultas. Los bancos han dejado de operar como tales debido a que sus pérdidas potenciales siguen pesando en sus balances y cada día sus activos se desvalorizan, ya sea por la pérdida de confianza del público o bien porque los flujos recibidos son insuficientes para cubrir el hueco dejado por sus inversiones toxicas. La consultora PA Consulting Group le ha llamado a eso instituciones zombis. Esta falta de solvencia hace peligrar todo el entramado financiero nuevamente, al propiciar desconfianza entre los inversionistas y los consumidores. La incertidumbre que ello provoca, es un factor de riesgo que está presente.

El problema es que Estados Unidos ya no puede seguir inyectando fondos a los bancos e instituciones financieras para revaluar sus activos tóxicos. La deuda pública crece cada día al extremo que ese país se puede declarar en cesión de pagos muy pronto. En todo caso, la deuda pública en relación al PIB se incrementará, lo que ocasionará una fuerte presión a la economía real por mucho más tiempo del esperado, afectando con ello el ritmo de la recuperación debido a que la expansión del financiamiento externo esta a punto de terminar, lo cual representaría un fuerte revés para el dólar como moneda de reserva y haría más precaria la situación de la economía estadounidense. Las guerras de Irak y Afganistán mantienen una sangría constante en los presupuestos públicos de Estados Unidos, pero mantienen a su industria militar en el tope de las ganancias y rentabilidad que no necesariamente se traduce en un beneficio interior pero si ocasiona problemas internos que profundizan la crisis.

Por otro lado, las políticas anticrisis no reactivaron el consumo. Y esto es clave para explicar el fracaso del rescate, ya que el crecimiento económico estaba vinculado exclusivamente a la expansión del consumo privado. El consumidor fue afectado directamente por la acumulación de deudas incobrables y hoy por el desempleo, eso hace difícil que actué nuevamente como lo hacia antes de que estallará la crisis, aún cuando encuentre liquidez en el sistema. Sus hábitos de consumo han sido transformados a fuerza de realidad que no cambiaran los planes de estimulo de la noche a la mañana. El desempleo es otro factor que impacta negativamente en el consumo. Las cifras registradas marcan ya record históricos al superar la barrera de 16 millones de personas reconocidas oficialmente como desempleados. Eso afecta directamente el poder de compra de las familias. Y las personas empleadas hoy, mantienen un nivel salarial menor en términos reales a los que tenían antes de la crisis.

La consecuencia lógica es un incremento a los impuestos y un recorte a los programas sociales, esperando mantener los precarios balances en las finanzas públicas para evitar presionar el incremento de los precios. Pero esta medida tampoco soluciona la crisis. Es al final de cuentas una medida desesperada, en busca de recursos para tapar los hoyos negros que la crisis sigue abriendo, después del banquete que significó la suma de dinero absorbida por los bancos para salvar lo insalvable.

La ayuda se enfocó hacia los bancos y las financieras, pero evito reformar el sistema y nunca acompaño dicha política con reformas económicas que frenaran los efectos sociales que la desregulación creo. Se dio dinero a los bancos con el objetivo que estos siguieran prestando al público, en un acto de borrón y cuenta nueva como si nada hubiera pasado. Este dinero no llego a los deudores que siguen perdiendo sus casas y sus empleos. Por eso, la dura realidad se impone, y los hechos concretos son muy distintos a los que nos muestran nuestros mass media. Lástima, por que la crisis también les afecta directamente y está situación podría capitalizar para recobrar la credibilidad perdida. En cambio prefieren seguir mintiendo.

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Posted under: Economía, internacional

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