Formalismos académicos

Mani_Bolonia-21Autor: Jairo Alarcón Rodas.

La academia representa el ideal más excelso de toda civilización. Y es que a través de la educación, la cultura, entendida como el cúmulo de transformaciones sobre la realidad, efectuadas por los seres humanos, se perpetúa. Y no sólo eso, se transforma, se reinventa, cobra vida. De ahí que convertir la academia en mero formalismo teórico, resulta ser más negativo y contraproducente, socavando los pilares que sostienen lo que constituye una auténtica academia.

Intereses políticos y personales destruyen toda posibilidad de construir y enriquecer espacios, donde el hacer académico represente el eje central de toda formación educativa. Para algunos tiene más valor lo cuantitativo, lo mesurado, lo formal. Lejos están de lo que representa lo cualitativo, la criticidad, la dialogicidad, la problematización.

Dentro de esta mediocridad, llamarse Licenciado, Maestro, Doctor, tiene mucho más relevancia que el nombre que uno tiene. En lógica se habla de términos que contienen a otros y es indudable que un nombre propio contiene a la profesión, grado, oficio, condición transitoria que el sujeto pueda ostentar. Es claro que para estas personas, su auto estima esta muy baja ya que requieren de un sobre nombre para sentirse valorados. Lo que se ve reflejado en nuestro medio, en nuestra realidad tercer mundista en donde se pone más atención, se le da mayor valor y relevancia a los aspectos accidentales que a los esenciales, a los formalismos que a los contenidos.

Dentro de este juego formalista, se emprenden reformas curriculares que sólo atienden a aspectos superficiales, cambio de nombres de los cursos. No existe una verdadera transformación científica curricular en la que participen de la misma, estudiantes, docentes y autoridades. Una reforma curricular, lleva implícita una transformación no sólo en el aspecto formal sino, esencialmente en el de contenido. En ella se renuevan pensa de estudios, sistemas de evaluación, métodos de enseñanza, actualización de asignaturas en función de los generadores sociales y fines que pretende la unidad académica dentro del proceso de cambio.

Ahora se habla de reformas curriculares simplemente cambiando el nombre a las asignaturas, aumentando materias, en fin, atendiendo a aspectos formales. Se dice que se debe atender a la necesidad de una transformación, en función de la demanda que exige un nuevo milenio, a los avances tecnológicos, a una pretendida acreditación o certificación. Sin embargo, se pasa por alto que toda reforma curricular debe contar con recurso humano que viabilice esas transformaciones. Recurso que muchas veces, no se ha renovado, no se les ha inducido para el cambio. Manteniéndose ajenos a lo que constituye una transformación académica. De ahí que existan profesores que se resisten a cambiar, dado que con ello corre peligro su identidad.

En consecuencia, pesa más el formalismo que la profundidad de la problemática académica. Y es que políticamente son más visibles los cambios superficiales que los esenciales. Decir que una unidad académica cuenta con licenciaturas, maestrías y doctorado es más notorio que evidenciar que la formación, a nivel de licenciatura es de óptima calidad.

La academia demanda una renovación constante, la actualización continua, el abandono de una identidad obsoleta. ¿Pero que significa eso? Significa una transformación de fondo que permita la creación de espacios de discusión, medios por los cuales se transmitan ideas y puedan surgir discusiones que aclaren las ideas. No es necesario que todos tengan un pensamiento único, más bien que a través de pensamientos contrarios, las ideas se desarrollen crezcan. Y en las aulas, se termine con la educación bancaria, con los textos únicos, con la omnisciencia del maestro. Por el contrario, surja la discusión, el criterio, la búsqueda, la investigación. Se privilegie la academia sobre la politización, se termine con la visión pragmática, donde lo importante son los puntos y el aprendizaje queda al margen de todo proceso de enseñanza-aprendizaje.

No por contar con doctores, maestros, etc., una unidad académica se transforma, se enriquece, abandonando su mediocridad. Ello únicamente constituye un formalismo, que puede ser un primer paso, si la calidad de los doctores, maestros y licenciados se evidencia a partir de su comportamiento en las aulas y la calidad de las investigaciones que produzcan. La excelencia académica aumenta, la transformación y optimización se evidencia, a partir de la producción, de la incidencia que pueda lograr la unidad académica, a partir de sus egresados y sus profesores, dentro de la sociedad.

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Posted under: Democracia

9 Responses to “Formalismos académicos”

  1. Daniel says:

    “Correcto, ya me ha pasado en un curso. Esta persona se molestaba en que le dijéramos “Licenciado”, el cual corregía de manera enérgica: “Soy Doctor”, y si me colocan Licenciado en sus trabajos, les descuento puntos. Cosa que si cumplió. “

  2. Aura Soledad Mendoza says:

    Sí me ha ocurrido y me provoca mucha risa… tengo 3 títulos universitarios y no necesito que me los mencionen para impresionar a nadie…prefiero la sencillez de mi nombre.

  3. Roxana Martel says:

    Excelente reflexión. Urgente y necesaria. Muchas Gracias por invitarnos al debate. Estoy de acuerdo con casi todo, excepto con la crítica que hace sobre los aspectos accidentales (títulos y formalismos) en la realidad tercermundista. Creo que la situación en las universidades del Norte (el mundo europeo con su reforma de Bolognia y el Estadounidense con su lucha voraz por fondos) es también un reflejo de la crisis actual.

  4. Moisés Gómez says:

    Estimado Jairo, su artículo me parece importante para reflexionar. La realidad cambia y los contenidos de los cursos no cambian. a veces me parece que lo que no cambia es el conocimiento de los prefesores, quienes al final de cuentas son los que determinan la transformación de un curriculum. hay que empezar por algo, platicando de los contenidos de los cursos.

  5. Totalmente de acuerdo. Se puede parodiar el refrán que dice que “el hábito no hace al monge” y decir que “el título no hace al profesional excelente, éste se hace por medio del ejercicio excelente de su profesión”. Por eso,cuando se habla de reforma educativa, es importante todo lo que se detalla en el artículo, pero mucho más la reforma en la metodología educativa que, mediante modernas técnicas didácticas, dé sustento a un proceso de enseñanza-aprendizaje dinámico, democrático, motivador de la curiosidad del alumno,y que despierte en él funciones tan importantes como la criticidad, el razonamiento y la capacidad de valorar y tomar decisiones por sí mismo. Necesitamos profesionales que nos muestren su destreza en resolver problemas y en adaptarse social y emocionalmente a una sociedad permanentemente en cambio,sin que antes quieran deslumbrarnos con los tìtulos que poseen y que, naturalmente, en la mayoría de casos están revestidos de valor porque representan el esfuerzo por superarse académicamente en el plano personal.
    En el campo puramente educativo,antes de todo lo que expone el articulista, se necesitan maestros con vocación para que enseñen con alegría y se comprometan con entrega y responsabilidad en el crecimiento humano de sus alumnos.
    Vocación y didáctica es lo que más falta en todos los niveles educativos, desde el preprimario hasta el universitario.

  6. Hugo Galvez says:

    Conosco excelentes profesionales que siguen siendo, la misma persona de siempe, con altos estudios y su carisma, sencilles, los hace cada ves mejores, sin los nombres academicos que les puede dar una pertenecia de clase o de estatus, que al final de cuentas prevalece con esos aspectos calificativos y los hace sentir mejor dentro de la estructura de su personalidad, a veces con un yoyismo frenetico o bien con un subconciente conflictivo de complejos de superioridad. lastimosamente lo academico se ve relegado por lo politico y ese es el gran problema de simepre.

  7. Ana Herrarte says:

    “Me da igual, pero en realidad mejor solo el nombre….

  8. Antonio Navas says:

    “Jajajajajaja que buenisímo esta eso licenciado Rodriguez. Y es cierto lo que dice Daniel yo fui víctima del honorable doctor Venancio Olcot, me quito dos puntos por anotar en la caratula de un trabajo licenciado Olcot, encerro en un circulo con tinta roja el licenciado y anoto soy doctor.

    Saludos lic Rodriguez, jajajajaja-”

  9. ]Edwin Garzona says:

    “Tuve un catedrático recién egresado de su doctorado en Italia y nos dijo “llamenme Francisco, no doctor, ni licenciado”. Un compeñaro le pidio la palabra “¿doctor?”, y el respondio “más doctor serás vos”… caso raro, porque la titulocracia es lo que priva en nuestro país”


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