Conflictos en la educación superior
Las políticas educativas en un contexto de globalización neoliberal buscan cambiar el modelo de gestión para privatizar el proceso educativo a través de modificar la esencia de las instituciones públicas. Esa transición se lleva a cabo en base a dos supuestos falsos; los costos que tiene la educación pública son mayores a los resultados obtenidos y el proceso educativo sólo tiene razón de ser, si esté va orientado a la formación-adiestramiento de los estudiantes para el mercado laboral.
Esta forma de plantear el conflicto universitario genera un vínculo importante con soluciones políticas específicas de corte neoliberal, al relacionar la competitividad global, las formas de financiamiento, el reclutamiento de la población estudiantil, los créditos estudiantiles, el patentamiento de los descubrimientos, los derechos de autor, el uso de la tecnología y la corporativización de las decisiones, con los procesos educativos, las evaluaciones externas, los procesos de reestructuración curricular y con las maneras administrativas de gerenciar los fondos a partir de criterios de efectividad, eficiencia, costo/beneficio y marketing externo. Sólo ese cambio de visión, genera de por si un proceso de privatización encubierto, que en esencia modifica la visión de la educación superior pública, aún y cuando legalmente siga teniendo su carácter estatal.
Por ello, desde la función educativa, la influencia de visiones estructurales al interior de la Universidad, hace que los conflictos sobre la igualdad de oportunidades educativas versus la demanda del mercado de formación profesional, se enfrenten en un marco de divergencia ideológica. Ello nos lleva a concluir que las tensiones en educación y los conflictos educativos se dan por visones instrumentales y estructurales diferentes, o dicho de otra manera, es producto de demandas contrapuestas que tiene su encuentro en los sistemas educativos. Así por ejemplo, unos buscan en la educación un mecanismo para incrementar las ganancias del capital, y otros que la educación sea el medio por el cual se logre la igualdad de oportunidades para la sociedad en su conjunto. Unas demandas provienen del propio Estado, como representación de una clase social que ejerce el poder desde esa institucionalidad. Otras provienen de grupos diversos que lucha por el poder. El conflicto es su rasgo característico.
Para simplificar diremos que unos buscan la reproducción de la sociedad capitalista a través de maximizar la acumulación del capital y dotarle la legitimidad al régimen. Otras visiones confrontan ese espacio educativo buscando construir nuevos referentes a partir del desarrollo de la conciencia crítica cómo ética de la emancipación. Ambas visiones se enfrentan en distintos ámbitos, que van desde el control del aparato administrativo de la propia universidad y sus facultades y escuelas, hasta el papel que asumen los grupos de docentes a nivel corporativo, con acciones que fomentan y permiten la mercantilización de los procesos de enseñanza aprendizaje.
A ello hay que agregar que en la actualidad las organizaciones universitarias, sus estructuras y los procesos de gobierno son determinados por factores externos. Sin embargo la relación que se establece entre la Universidad y la Sociedad en su conjunto se establece la interior de las propias universidades. La obsesión meritocrática existente en los círculos de poder universitario aleja a sus miembros de las preocupaciones propiamente educativas, y con ello, se condiciona el desarrollo universitario al devenir de los procesos políticos lo que permite abrir las puertas a los intereses económicos del gran capital que ve en ese proceso, una oportunidad de negocio, por ser una fuente inagotable de recursos y ganancias, que puede generar la institución.
En ese panorama, un elemento que hace falta para comprender el conflicto que se desarrolla al interior de los centros universitarios es el caso de la autonomía universitaria. Es concebida como la garante última de la mayor aspiración de la ilustración, que cada quién se atreve a usar de acuerdo a su razón. La autonomía permite definir la relación con los gobiernos de turno. Esto le da una definición distinta a la vida institucional, tanto en el reparto de poder cómo en las formas de relación que se establecen. La defensa de la autonomía debe constituir de por si, un aspecto sustantivo y relevante de las reivindicaciones de todos los sectores universitarios. Sin embargo, las alianzas ideológicas y políticas existentes entre los miembros de la comunidad universitaria y las entidades públicas no siempre garantizan la total autonomía universitaria, por la forma en que es entendida y asumida en la práctica de sus miembros.
El complejo esquema de interacción que se produce entre las demandas externas e internas, y el proceso de gestión y gobierno propio de las instituciones universitarias, se ve reflejado en el conflicto que vive actualmente la Universidad Nacional y Autónoma de San Carlos. Aún cuando legalmente no procede un proceso de privatización, subrepticiamente, este se está dando y el conflicto estalla en toda su magnitud.
Tags: Educación Superior, Estudiantes por la Autonomía, USAC
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August 22nd, 2010 by Mario Rodriguez 






Sólo quisiera agregar que la autonomía universitaria consiste en la potestad que tiene la universidad de gobernarse a sí misma -dándose sus leyes y reglamentos- de administrar y gestionar su presupuesto, y de establecer sus políticas educativas y científicas, con el objetivo de cumplir sus fines y funciones ante el país, especialmente con sus sectores marginados y más necesitados. Como lo hizo ver en su producción el pasado Rector Rafael Cuevas del Cid, la autonomía universitaria tiene enemigos afuera y adentro de la universidad. Es claro que la clase dominante, sus agentes y su Estado se opondrán a la autonomía si la universidad es fiel a su misión y se les opone como consecuencia de buscar la verdad y la justicia. Lo que no siempre se ve es que dentro de las universidades también hay quienes van contra la autonomía al poner trabas, limitaciones del tipo que sean, al desarrollo de sus legítimas funciones esencialmente universitarias, lo cual es más grave cuando se pretende desnaturalizar o desvirtuar a la institución universitaria para que ya no cumpla sus compromisos populares sino que, al contrario, sólo sea un instrumento de control ideológico y de aumento de la productividad del capital.
Lamentable que no todos tengamos la oportunidad de apoyar estas medidas pues seria irresponsable dejar a nuestra familias en el desamparo economico. Sin embargo tampoco es beneficioso dejar a los que queremos ser profesionales, perder un año. Si en realidad quieren el cambio graduemonos y presentemos propuestas y generemos participación.