A propósito de la actual crisis: las partes y el todo de la Universidad
César Antonio Estrada M.
La toma actual de la Ciudad Universitaria por los Estudiantes por la Autonomía (EPA) es evidencia de problemas y vicios de fondo que aquejan a la Universidad Nacional y Autónoma de San Carlos, y que exigen no sólo la solución de la coyuntura de las elecciones de vocales I y II de las Juntas Directivas facultativas, de modo que no se afecten los derechos estudiantiles, sino el debate ideológico y el diálogo que lleven a iniciar –por fin– y a completar, en un período prudencial, los urgentes e impostergables cambios políticos, administrativos, educativos y académicos que nuestra Universidad necesita para poder cumplir lo que la sociedad y especialmente sus marginados estratos desposeídos, esperan de ella. Con EPA se puede estar de acuerdo o no en diferentes grados pero lo que no puede negarse es que han tenido el valor de expresar algunas de las realidades lacerantes de la Universidad que hemos venido viviendo desde ya hace un buen tiempo, y que pocos son los que denuncian.
Muchos y complejos son los aspectos y los factores que deben considerarse en la Universidad y en sus actores; Guatemala, como país dependiente y prácticamente neocolonial, con sus mayorías silenciosas que apenas logran subsistir y que buscan su liberación personal y colectiva; la acometida neoliberal globalizada que no conoce tregua y que arrasa con bienes y personas, son cuestiones que deben tenerse en mente al reflexionar sobre la presente crisis. Por ahora, sin embargo, sólo quisiera referirme a algunas de las expresiones de ciertos profesores o investigadores universitarios acerca de cómo ven o conciben las secuelas o las salidas de la actual crisis, y que indican que están tomando una parte de la universidad por el todo –es decir, adoptan un punto de vista reduccionista– y que olvidan que las actividades y funciones de la universidad deben concordar con los fines últimos de ésta.
Hay que dar clases por cualquier medio o presionar para que entreguen la Ciudad universitaria. No todas las materias pueden enseñarse por cualquier medio; hay limitaciones didácticas y pedagógicas. Algunas sí permiten la educación a distancia, el uso de internet o el autodidactismo, pero otras, no. Por ejemplo, algunos cursos tienen laboratorios en que se maneja equipo, materiales o sustancias que requieren de la supervisión personal del instructor; otros, necesitan del coloquio presencial del profesor y de los condiscípulos, de la compartición de textos, ideas o experiencias que perderían su efectividad si no se hacen en persona. Por otro lado, la enseñanza utilitaria con fines profesionalizantes –con todo y su importancia– pierde su valor universitario y se reduce a una mera instrucción si se separa del contexto social en que se realiza. Una sociedad necesita profesionales para funcionar y reproducirse, pero no sólo eso. Las universidades, en general, y la Nacional, en particular, tienen una función política, que va de la mano con la académica, que se concreta en la formación en los individuos de una conciencia social, histórica y crítica, que les ayude a orientar su vida personal y a procurar el arreglo del desorden institucional y de la injusticia estructural del país y de la región en la que se encuentra. Exigir simplemente que se reanuden las clases sin ver ni atender los problemas de fondo, parece poco serio y más bien puede retrasar la solución de las contradicciones.
Es indispensable que la investigación no se detenga: es menester abrir la universidad. Ortega y Gasset decía que el especialista es el bárbaro de nuestro tiempo. Hay excepciones pero, con frecuencia, la ciencia especializada hace que sus practicantes se concentren tanto en su disciplina, inviertan tanto tiempo y atención en ella, que se olvidan del para qué, del porqué y del para quién de la investigación, y de la sociedad en que realizan su actividad científica. No es aquí momento de discutir que no toda investigación debería realizarse en la universidad, que alguna es más propia de institutos de investigación no universitarios, pero podemos suponer que la se hace en nuestra alma máter sí es apropiada para nosotros. Es justificada, entonces, la queja que hacen algunos investigadores por la paralización de sus actividades que pueden verse seriamente afectadas. Bajo la influencia omnipresente de la sociedad de consumo, del influjo del dinero y del mercado, esto es, del capitalismo, se aducen también –con más o menos justificación – razones económicas o costos de las pérdidas en que se incurre al suspenderse las labores investigativas, en este caso, por el cierre de las instalaciones universitarias. El problema está en no ver la situación de la Universidad como un todo y como una unidad; es natural que sus defectos y dificultades afecten a sus distintas partes. Despreocuparse de la marcha orgánica de la institución y sólo ver una pequeña parcela de la misma, seguramente contribuye muy poco a la solución de las fallas coyunturales ni de las estructurales.
Finalmente, aparte de estas consideraciones, habría que recordar que no son quienes señalan los problemas de nuestra Universidad Nacional y buscan su solución, los responsables de los mismos. Quienes sí son de culpar son aquéllos que los han causado y además han tenido el poder de solucionarlos y no lo han hecho. En la crisis actual de la Universidad, me parece que este peso cae, principalmente, en el Consejo Superior Universitario.
Tags: Crisis Universitaria, Educación Superior, USAC
Posted under: Democracia, Politica
August 24th, 2010 by Mario Rodriguez 






¿Abrir o no abrir?
Habrá que tener mucho cuidado en esas acciones que por buen espíritu de estudio han logrado que las clases de la EDUCACIÓN SUPERIOR se impartan fuera de Ciudad Universitaria, por el hecho de toda actividad que en esos recintos se realice, obtenga posteriormente todo el respaldo de las máximas autoridades de la Universidad.
La podredumbre en las asociaciones estudiantiles, grupos de catedráticos y demás vicios que han estancado a San Carlos no se resuelven con cerrar su puertas físicas, pero tampoco se desaparecen al abrirlas de nuevo.
La reflexión es a que por la fuerza se abran los portones, pero los portones de nuestra menta, para ver más allá de lleva trae de EPA y del Consejo Superior Universitario, para saber qué papel debemos jugar todos. Bastante mérito tendremos si logramos entender los problemas de la universidad, pero grande será nuestra falta si no movemos un dedo para solucionarlos.
¿Abrir o no abrir?
Habrá que tener mucho cuidado en esas acciones que por buen espíritu de estudio han logrado que las clases de la EDUCACIÓN SUPERIOR se impartan fuera de Ciudad Universitaria, por el hecho de que toda actividad que en esos recintos se realice, obtenga posteriormente todo el respaldo de las máximas autoridades de la Universidad.
La podredumbre en las asociaciones estudiantiles, grupos de catedráticos y demás vicios que han estancado a San Carlos no se resuelven con cerrar su puertas físicas, pero tampoco se desaparecen al abrirlas de nuevo.
La reflexión es a que por la fuerza se abran los portones, pero los portones de nuestra mente, para ver más allá del lleva trae de EPA y del Consejo Superior Universitario, para saber qué papel debemos jugar todos. Bastante mérito tendremos si logramos entender los problemas de la universidad, pero grande será nuestra falta si no movemos un dedo para solucionarlos.
Soy de reciente suscripción en este espacio, pero me parece una adecuada plataforma para expresarse.
En cuanto al conflicto universitario, me parece que, este espacion, nos permite encaminarnos precisamente a la apertura de nuestras mentes, tal como lo refiere Juán Carlos. Es necesario abordar el problema coyuntural pero sin dejar de lado el problema estructural. Sigamos luchando.
Creo que la cuestión no es abrir o no abrir la univeridad, más bien es se lograrán las peticiones o demandas de EPA? ya que parece que es un ir y venir con la Mesa del Diálogo, ya que ahora según entiendo es el CSU quien no da lugar a esto y la situación se está volviendo ya violenta entre docentes, estudiantes y trabajadores.
Desafortunadamente nosotros nos hemos vuelto solamente espectadores de esto, esperando encuentren la solución a esta problemática.