Democracia, Política

La crisis de la incapacidad y la política de la corrupción

Después de 45 días sin dar declaraciones a la prensa, el mandatario Jimmy Morales se presentó ​ante la Comisión Nacional para la Reducción de Desastres- Conred-, para informar a la nación sobre sus últimas intervenciones. No dijo mucho y aclaró poco. Pero se mostró arrogante y peligroso.

Su gobierno se tambalea y está a punto de derrumbarse. Con un gabinete desmembrado y un presidente cuestionado por la sociedad y la justicia, su figura política se ve desfigurada por su incapacidad y el cinismo de su actuación. Es preocupante que su margen para gobernar cada día sea más reducido y que existan sectores en la sombra que orientan al país hacia el enfrentamiento, con el único objetivo de salvar su pellejo y mantener los privilegios que les otorga un sistema corrupto e injusto.

Dado el nivel de incapacidad del mandatario, ejercer el poder a través de la corrupción parece ser la mejor forma de gobernar.

En esa tarea no está solo. Los diputados le gana por mucho, y los empresarios tampoco se quedan atrás. Los primeros son más frontales ya poco les importa el desprecio de la gente. Aseguran que ganarán de nuevo su reelección y por eso confeccionan las reglas electorales que les favorezcan. El empresariado por su parte hace números y comprende que es más fácil y barato corromper que competir.

El pacto de corruptos se materializa entre aquellos que se ubican y accionan por el inmovilismo y aquellos que se sienten amenazados en perder sus privilegios y se resisten.

Un síntoma que alarma es el protagonismo asumido por el ejército. Se comprende que en un estado frágil se quiera apuntalar y mantener un presidente cuestionado y débil, pero no se acepta que se recurra a mecanismos represivos para lograr dicho fin. Sin embargo preocupa que históricamente los políticos, los empresarios y los militares, o sea la clase dominante, se habituar​á compartir los beneficios del poder a través de la corrupción y la represión.

En esa intervención se dio por hecho que la reconstrucción del país se reducía a la reparación de carreteras y a enfrentar la complicación climática del momento. Aspecto que ilustra a cabalidad la falta de capacidad de los dirigentes y su poca visión de futuro. El cortoplacismo como mecanismo para afrontar la crisis es el signo de los tiempos.

Eso también ilustra que los pactos que se tejen alrededor de mantener a Morales en la presidencia pasan por imponer visiones agotadas, tal es el caso de la reconstrucción del sistema de carreteras, que se plantea como más de lo mismo, inversión pública con manejo privado, a través de las alianzas público privadas, una estafa más de las muchas que produce el sis​tema.

Lamentablemente, a pesar de los avances conseguidos contra la corrupción, los corruptos sigue dando la batalla. Más allá de la ret​ó​rica contra la corrupción que los actores hacen gala, existe una confusión entre la lucha contra los corruptos y la construcción de un estado transparente.

En otras palabras estamos hablando de una demolición completa del estado corrupto, bajo la tutela de las políticas neoliberales que lo han hecho posible. El punto en disputa incluye el desmantelamiento de la estructura neoliberal que soporta el Estado actual, de lo contrario otros corruptos reemplazar​án aquellos que vayan a la carcel.

El presidente lo sabe y por eso busca aliados de su calaña.

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