Educación

La educación en época de crisis

El proceso de globalización convirtió la educación en un negocio. Y la crisis permitió que surgieran los servicios educativos. Asumida la educación con negocio, desde un punto de vista sociológico, las escuelas se convirtieron en agentes económicos que compiten en un cuasi mercado para obtener ventajas lucrativas y beneficios asociados. Eso genero una relación perversa entre los oferentes de servicios educativos y los demandantes de educación,  generando  una diferenciación ficticia que llevo a los establecimientos al uso de distintivos de diversidad de metodologías, algunas no tan innovadoras como se dicen, así como ofertas diferenciadas en carreras y especializaciones o servicios anexos, cuyos alcances van de acuerdo a la jerarquía de la población a la que se dirigen, dentro del negocio educativo, pero que al final se convierten en un fraude por los resultados que se obtienen.

La crítica que se hace, tanto a la mercantilización de la educación cómo a las políticas neoliberales que las promueven, pues están relacionadas con la pérdida del concepto de bien público, generando problemas de acceso a través de  barreras que supone establecer mecanismos de mercado para el pago de matriculas estudiantiles y el cambio del rol y funciones de los centros escolares. La educación entonces se convierte en un mecanismo de inserción laboral y en consecuencia en una puerta giratoria de acuerdo a las posibilidades de pago que tengan las familias para acceder a mejores condiciones educativas.

Estos cambios son exigencias de la economía capitalista mundial, que promueve la flexibilidad, buscando que la escuela se adapte a las necesidades de la economía, de la producción y de la creación de riqueza en general. Esto se logra a través de des institucionalizar la escuela, sus funciones y generar con ello una mejor adaptatibilidad como centro de formación e instrucción para el mundo laboral, una escuela empresa vinculada a las necesidades del mundo empresarial.

Otro elemento fundamental de este nuevo contexto son las competencias educativas, basada en los saberes, lo que permite crear un estudiante que pueda adaptarse a su entorno problemático e incierto, resolviendo lo “que pueda presentarse”. La idea central aquí es desarrollar capacidades en los estudiantes, las cuales van en función de las necesidades externas al propio estudiante, en este caso a las necesidades de los centros de trabajo. La prioridad al desarrollo de competencias profesionales y sociales es lograr una mejor adaptación al mercado laboral, a través de reinterpretar los conocimientos, pasando a formar parte de un proceso de estandarización pedagógica. Aquellos conocimientos que son críticos con la situación actual y que permite forjar identidades y cultura común, son desechados por no interesar al ámbito económico, porque desde el punto de vista ideológico, contradicen los supuestos en que se sustenta dicha práctica.

En resumen, la educación se convierte en una herramienta efectiva para mejorar la competitividad, pero reducen la función de la escuela y coartan los fines de la educación a una mera función de adiestramiento. Las reformas neoliberales modifican el papel del conocimiento, poniendo énfasis en los procedimientos de gestión de la adaptación de los cambios requeridos para que la escuela sea funcional al desarrollo del sistema y los conocimientos se conviertan en una fuente de acumulación del capital.

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