mayo 2013

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A veces uno pretende vivir en un país que funciona, que la institucionalidad es garante del derecho y la justicia y que el tiempo transcurre lento pero sin descanso hacia el futuro. De pronto la imaginación se topa con la realidad. Una cruel y desventurada realidad. Y esto sucede cuando la impunidad se aferra al

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Hace bastante tiempo, las calles de mi pueblo se quedaban desiertas a las 6 de la tarde. La gente corría con pena y miedo por el toque de queda impuesto por el ejército. Por las rendijas de las ventanas se podía observar la fila interminable de soldados que recorrían las calles desiertas como señal inequívoca