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Análisis postelectoral, desde la visión del poder.

El neoliberalismo es concebido como un sistema de ideas económicas que se convierten en políticas y acciones gubernamentales a través del poder, generando así una racionalidad normativa que se traduce en un espacio común y compartido por los diversos agentes que asumen el rol que el sistema les otorga. Con el desmantelamiento del Estado y la privatización de empresas públicas impulsada en el gobierno de Álvaro Arzú, inició el proceso neoliberal en Guatemala. Dicho modelo se consolidó posteriormente con las modificaciones a la Constitución, lo que generó un cambio sustancial en la función del Banco de Guatemala y la expansión del poder de un grupo de banqueros que han servido de caja chica del Estado. La apertura de mercados y capitales, los impulsos para diversificar la exportación de bienes y servicios y el control del sector privado de diversos mecanismos de la política económica dieron vida propia a la primera cooptación del Estado.

Foucault estudió los mecanismos del poder y planteó su tesis sobre los operadores de la dominación, que no es más que una forma de explicar cómo los sujetos aceptan el sometimiento a través de acciones concretas basadas en ideas hegemónicas. Las ideas del “libre mercado” fueron tomadas al pie de la letra por los diversos gobiernos de la “era democrática”. Los sucesivos gobiernos han asumido su rol como gestores de dichas políticas, profundizando su implantación y desarrollo durante estos años. Eso ha sido posible, independientemente de la orientación ideológica que dicen tener los partidos que han hecho gobierno durante estos años, gracias al engranaje jurídico que acompaño la reforma económica y política.

Una de las principales interrogantes que Foucault se plantea, era saber si el poder se podía deducir de la actividad económica. En aquel instante Foucault se distanciaba del análisis marxista del determinismo económico y aborda el poder desde una perspectiva amplia, incorporando a diversos actores sociales entrelazados en múltiples situaciones, entendiendo el poder como una relación determinada. Para Weber el poder se relaciona con legalidad y legitimidad (mandar y obedecer), mientras para para Arendt lo importante es el consentimiento, mientras que para Marx el poder está dado por el control de los medios de producción. Wendy Brown en su libro “El pueblo sin atributos” plantea la temática sobre la racionalidad neoliberal impuesta dentro del ámbito de la democracia liberal y el ejercicio de poder gubernamental.

Surge así el abordaje de la funcionalidad económica del poder, que orienta al sujeto en función del contexto y la influencia que cada actor pueda tener en una esfera concreta de la vida. Para ello, la jerga neoliberal utiliza el concepto de gobernanza, para referirse al control político de la administración pública. En ese espacio de gestión pública, los operadores de la dominación ejercen su influencia a través de sometimientos políticos que los operadores asumen como propios, en lo que Foucault llamó los “efectos de poder de dominación” que impone un paradigma determinado.

En nuestro caso se plantea la idea que cualquier que gane las elecciones, sea de izquierda, centro o de derecha, tiene que asumir una estructura rígida, en lo político y en lo económico, normada por una legislación neoliberal que en su esencia y contenido, garantiza ciertos principios esenciales para reproducir dicho modelo y a partir de ahí, a los candidatos que aspiran a tener el poder ejecutivo, deben adaptar sus promesas de campaña con el margen de maniobra que impusieron las políticas neoliberales. Por ejemplo, la autonomía del Banco de Guatemala y su función actual, la regresividad del sistema tributario, la rigidez del presupuesto público, por poner tres casos concretos, que se convierten en camisa de fuerza para cualquiera que asuma el poder. Las elecciones generales del pasado domingo mostraron los límites del sistema y el poder centralizado que ejercen las medidas de política pública y la interpretación jurídica y económica de la legislación vigente.

La concepción liberal del poder político hace que los candidatos, por mucho que quieran cambiar la situación, se apeguen a un libreto previamente elaborado por otros actores de poder. Una normativa dada con muchos candados jurídicos difíciles de superar, por mucho que lo digan los programas electorales de los partidos políticos. El neoliberalismo ha creado una camisa de fuerza, ha destruido al Estado como fin último y ha generado las condiciones para que cualquiera que asuma, sea conducido de acuerdo a los parámetros previamente acordados. En el caso concreto de Guatemala, el gran dominador del poder no elegido sigue siendo la cúpula del sector empresarial aglutinado en el CACIF.

Esa reducida cúpula dirigente del sector empresarial actúa como un cartel con poderes omnipresentes. Se articula de acuerdo a su interés concreto y en definitiva han asumido el control del ejecutivo, a través de diversos mecanismos y representaciones en organismos de interés estratégico, y también, asumiendo ministerios claves del ejecutivo; por ejemplo, en educación en el tiempo de Berger, economía en casi todos los gobiernos, energía y minas, trabajo, seguro social, INDE, etc.  

Cuando el sistema fue cuestionado, ha sido el CACIF quién asume el rol protagónico. Por eso, el CACIF se opuso a la continuidad de Claudia Paz y Paz en la Fiscalía y activaron el cerco judicial contra Thelma Aldana cuando fue necesario, revirtió el fallo de la Corte de Constitucionalidad en el caso de Genocidio, gestionó el poder de Jimmy Morales en la sombra para evitar que fuera destituido, se opuso a las reformas a la constitución y expresó su reticencia a la reforma a la ley electoral, además impulsó la expulsión de Foppa de la Sat, pagó parte del lobby en Estados Unidos anti CICIG, al mismo tiempo que recibió el apoyo de la clase política para la inversión y explotación de los recursos naturales, el apoyo agro exportador, las leyes del salario diferenciado y la disminución de la presión fiscal desde las instancias gubernamentales.

Pero el CACIF no es un poder absoluto, tiene aliados y personas que actúan como sus ejecutivos en los tres organismos del Estado. Esos aliados, que son fundamentales para el esquema de control y sometimiento, hacen suyas las ideas dominantes. Su principal aliado, que actúa como operador de última instancia es un sector del ejército conformado por altos oficiales en situación de retiro y en servicio que tienen el papel de control, represión y gestión de conflictos. Son también, el principal vínculo entre los poderes paralelos del crimen organizado, el narcotráfico y las élites de los partidos políticos. Reclaman su cuota de poder, pero saben y aceptan los límites de sus aspiraciones.

Otro aliado importante, que en los últimos años de la guerra contra insurgente tomo relevancia, ha sido el sector religioso vinculado a las iglesias neo pentecostales, así como los movimientos de renovación católica más conservadores. A raíz de los acuerdos de paz, dicho sector se transformó en un entramado empresarial que hace negocio con la fe y mercantiliza la salvación utilizando la influencia política de sus pastores como forma para acceder y consolidar su poder de acción y expandir sus ideas. Es un cartel al servicio de sus dueños, que hacen política para reforzar el conservadurismo predominante. Han tenido presencia en la política desde el golpe de Estado de Ríos Montt y con el gobierno de Serrano Elías, y ahora mismo tienen sus propios partidos políticos y más de un pastor importante ha saltado del púlpito a la palestra política. Sus ideas básicas son la familia tradicional, como ellos la conciben, la lucha contra el ateísmo comunista y contra el abordo y la diversidad sexual. En las últimas elecciones han propiciado foros con los candidatos a la presidencia en donde los hacen jurar lealtad a las ideas que sostienen y profesan, y estos candidatos en el plano más oportunista y para no disgustar a los pastores y votantes, han sido parte del show.

Otro aliado importante es la vieja política. Los políticos que han hecho carrera al amparo de la cooptación del Estado y que son los que han implantado el modelo neoliberal por la gestión legislativa que han realizado a lo largo de los últimos 25 años, son en definitiva los mejores operadores del sistema.

Ninguno de estos aliados pone en duda los planteamientos neoliberales. Los asume y los reproduce en sus círculos de influencia. Por eso, aquellos que se sitúan en el extremo son combatidos y estigmatizados como los malos. El mejor ejemplo de ello son las declaraciones del presidente del CACIF respecto al desempeño electoral del MLP. El enfado del señor Tefel no es un arrebato sin sentido, es, más bien, una expresión sincera y elocuente de su poder. La dirigencia del CACIF no es tonta, goza de asesores y profesionales pagados para que les lean y analicen la coyuntura y saben que el MLP es un partido de clase y su esencia es anti neoliberal, por eso ven en esa expresión política al verdadero enemigo, dispuesto a convertirse en un sujeto real del poder. Más allá de la postura racista que también asumen, les da miedo el crecimiento de un partido con esas características y seguro que harán todo para evitar que tengan cuotas de poder y pongan en duda el sistema que impera.

Sobre este contexto es que se debe analizar la contienda electoral, y, sobre todo, la segunda vuelta que se avecina.

La narrativa que se utiliza en contra de los dos aspirantes parte de premisas falsas y descalificaciones que esconden la verdadera esencia del proceso electoral y la lucha por el poder. Por un lado, dicen que ella es una guerrillera – socialista y del otro candidato se habla del matón belicoso, anti comunista, conservador. Ese relato solo sirve solo para afianzar la diferencia entre la sociedad del conflicto que aún perdura entre los operadores políticos. Pero en la realidad, esa diferencia no existe. Lo que prevalece en ambos candidatos es una visión hegemónica neoliberal que constituye un absoluto, dado que ese imperativo se convierte en la llave para acceder al poder.

No importa la procedencia y la historia de cada candidato/a, una vez exista un compromiso para someterse a la conducción del modelo económico imperante, ambos pueden ser viables para el poder real. El homo politicus mostrando lealtad y fidelidad al homo economicus. El CACIF sabe esto y no tiene empacho en imponer sus lealtades y compartir parte del poder, media vez sus intereses estén a salvo. Quedó claro con su alianza con el pacto de corruptos y la defensa gremial de sus miembros acusados de corrupción. Actuó en consonancia con sus intereses. Cuando supo que su hegemonía estaba en peligro se activó sin importar la opinión pública desfavorable que generó y las consecuencias internacionales que provocó.

El mejor ejemplo de lo anterior es la entrega de la soberanía nacional al ejército de los Estados Unidos, reconociendo de pasada que su propio ejército (aliado incondicional en la guerra) es incapaz del cuidado de las fronteras. Ese sacrificio fue necesario frente al poder que permitió la continuidad del sistema corrupto. En los últimos meses, cada semana un avión con drogas fue abandonado en el territorio nacional, sin intervención de autoridad competente. A la fecha no se tienen la certeza del contenido y destino de los cargamentos de dichos aparatos. Esa situación muestra una convivencia y aceptación entre los aliados del poder, dado que sobre la situación y los hechos que ocurren en territorio nacional ambos tienen el control total del mismo. No puede ser de otra manera.

Pero retomando el tema de la elección del próximo presidente del país, es necesario reconocer que para el poder real es imperativo que la gestión económica no puede estar en manos de una burocracia desligada de esos intereses hegemónicos. La tecnocracia de clase media que acciona las herramientas del Estado debe también tener y compartir las mismas ideas y los mismos valores. La mayor parte de los funcionarios públicos que gestionan la educación y la salud pública utilizan los servicios privados para ellos y sus familias. Esa contradicción es una muestra de la profundidad y aceptación que tienen las ideas del poder. El capitalista actúa como colectivo, independientemente de su nivel de riqueza, por eso muchos pobres y sin capital, que operan como emprendedores o trabajadores por cuenta propia, por no decir desempleados, actúan revitalizando esas ideas de competencia y mercado y asumen la visión que se impone como propia.

La diferencia entre una candidata que se auto define como social demócrata y un conservador, militarista que se siente redimido por propiciar una masacre en una cárcel, es sin duda, la forma en que cada uno se somete al poder hegemónico del capital y quiere garantizar con ello la continuidad del sistema. No importa cómo se apliquen las recetas económicas que su patrón dictará. Puede ser como una política que suaviza la pobreza a través de los paliativos sociales, frente a otra que de entrada busca la reactivación económica mediante las mismas medidas de liberalización y privatización. En todo caso, las diferencias están dadas por los centros privados de investigación que las promueven y que los candidatos hacen suyas. Pero nunca, como obstáculos para que el sistema se reproduzca.

Al revisar los discursos, los programas y las políticas de los dos candidatos que van a segunda vuelta, se observan que en ambos existe claridad para asumir ese modelo como propio. Con matices, ambos programas económicos son lo mismo que se viene haciendo desde hace 20 años. El gasto público debe favorecer el emprendimiento privado, del resto se encargará el mercado. En definitiva, el libre mercado tiende a ser totalitario frente a las exigencias y demandas de democratización de la sociedad. Ese se acepta y se comprende en todo el mundo al grado que el principal argumento de Pikety era precisamente el peligro que tiene la democracia libera con la desigualdad y marginación social que provoca la economía neoliberal.

Ambos candidatos saben que el problema económico es estructural. Eso significa que no funciona bien para la totalidad de la población, simplemente funciona para una parte muy reducida que controla los hilos del poder y que receta esas políticas en función de sus propios intereses. En todo caso, el crecimiento de la economía, solo ha generado mayor concentración y exclusión social. Los hechos y los datos hablan por si solos. La estabilidad macroeconómica tampoco funciona para el resto de la población que vive en pobreza. Pero todo esto no es importante. Lo que importa de verdad, son las lealtades que cada candidato pueda asumir. Los centros de investigación ligados al poder real, ya tienen los planes, las propuestas y los mecanismos para implementar las obras y las políticas públicas que se requieren en los próximos cuatro años. A estos, solo les queda asumirlos e implementarlos.

Un dato adicional, ambos candidatos comparten con el poder real el interés por reestructurar la cooptación del Estado. A nadie le interesa tener la continuidad de CICIG, ni un MP independiente y activo en la lucha contra la impunidad. El compromiso que asumen con el sistema y su defensa se basa en mantener el estado de cosas que tanto beneficia al poder real y a sus aliados. Por eso, las redes criminales que cada uno de los partidos tienen incrustadas en sus estructuras, son en definitiva las garantes de que nada se salga de control. La coexistencia entre los poderes reales y paralelos radica en el respeto por los objetivos e intereses compartidos.

Quién piense que las elecciones generan un cambio sustancial se equivoca. Si las elecciones pusieran en peligro el sistema, lo más seguro es que se prohibirían. Nada que se salga de esos parámetros tiene cabida dentro del esquema de poder existente. Para que algo cambie es necesario ser sujeto del poder. La diferencia no está en las proclamas y las alianzas, sino en la forma de asumir las lealtades por parte de los candidatos y sus equipos políticos. Quién de más concesiones y matice mejor sus propuestas, siempre en los parámetros establecidos por el modelo neoliberal, gozará del apoyo de esa pequeña cúpula de empresarios con poder y tendrá el visto bueno para gobernar por cuatro años, a un pueblo que tendrá que construir una nueva utopía para afrontar su tragedia.

Fotografía tomada del blog de Juan Luis Font

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