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Así (no) es la vida

Son cinco los jóvenes que encabezan el entierro portando sus bicicletas. Van de luto y llevan una pancarta que dice presentes. En ese instante nos enteramos del asunto. El ambiente de tristeza se contagia a los vehículos que va en contra vía. Sus familiares van dispersos en los autos funerarios y otros muchos van a pie, lo que provoca una larga fila de autos buscando por donde pasar.

En un pueblo pequeño, con una sola calle principal de entrada y salida los congestionamientos son cotidianos, pero no duran mucho tiempo. Quizás los días de feria, los 15 de septiembre y pare usted de contar. Pero el entierro tiene un amargo sabor a desesperanza y alarga más la intensidad del dolor. Rabia por la cola, rabia por la vida, pero el muerto ya tiene descanso.

Varios jóvenes hacían piruetas con sus bicicletas en un pequeño parque del pueblo. Nadie sospechaba que la muerte rondaba por estos lugares, pero en este país, la muerte está en todos lados y se presenta a toda hora.

Un sicario, o tal vez dos, quién sabe y a quién le importa, asesinaron al joven de la bicicleta que hacía piruetas en el parque del pueblo. Dicen los que sabe, que fueron dos disparos. Fue una tarde noche de feria, a pocas cuadras del cuartel policial y a pocos metros del palacio municipal. Un hecho violento que nos hará quejarnos por la tarde y se nos olvidará mañana.

No es un hecho aislado, es simplemente el suceso de todos los días, que se suma a los linchados en El Naranjo, al taxista muerto a balazos por pandilleros, el hombre asesinado en la Roosevelt, a los tres mototaxistas y la mujer ultimada en la zona 18. Son los hechos cotidianos de este horrendo país.

No estamos en guerra y, aun así, un despistado candidato dice que sacará al ejército a las calles, buscando votos quizás, sin que en realidad le importen los muertos de está semana. Seguro se alegre por estos hechos, pues si las cosas siguen así tendrá mayor respaldo sus discursos de campaña.

Este país mata a sus mujeres, a sus jóvenes, a sus viejos. Es un sitio que duele. Un país que condena a sus niños y sus niñas sin escuela a vivir una infancia desnutrida. La violencia es una herencia de los gringos que nos invadieron en el 54, para que la empresa de bananos pudiera prosperar. Ahora prosperan los políticos corruptos y los empresarios, también corruptos.

Pero en la sociedad sigue existiendo esa naturalidad artificial de que todo marcha bien. Hace poco nos ganamos el primer lugar como uno de los países más alegres del mundo. Así de contradictorio es nuestra vida. La alegría de la vida, no la apaga la muerte. La contagia de esperanza, pensar que algún día dejaremos de ser una sociedad violenta.

El ministro de gobernación está ocupado, cuidando las espaldas de su jefe, para que este no tenga problemas con la justicia. Hace poco dejó escapar a su segundo de abordo, se ve que el tipo sabe cómo cuidar las espaldas de los suyos. Al resto de la gente, que busque como sobrevivir.

La política no da para salvar vidas. La policía investiga, pero la nueva fiscal está ocupada en otros asuntos que para eso fue puesta ahí y este hecho, como cientos de otros similares, es muy posible que quedará impune.

Así es la vida en el pueblo. Pero que conste, es la vida que nos imponen.

Fotografía tomado de Qué hubo Pinula, en Facebook.

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