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Crónica #3

dfrLa tarde se torna gris.

Muchas amenazas, incluyendo de lluvia.

Saliendo del pueblo paso por una estrecha calle llena de autos, camionetas y gente. Veo rótulos de no estacionar pero aquí nadie hace caso.

No es un centro de votaciones, es la casa de campaña de uno de los candidatos a la alcaldía del pueblo.
Intento tomar unas fotos con mi celular, pero la prudecia me lo impide.

Un tipo saca su pistola y la carga, por aquello de las dudas. El otro se cruza la calle con la mano en el cinturón, dejando ver su escuadra lista para ser usada. Hago la señal del pulgar, en señal de victoria. Eso los relaja. Otro asume de policía de tránsito y ordena que avancemos. Nadie bocina.

Al lado izquierdo, al fondo del callejón veo un grupo de gente en un toldo del Líder, con equipo de sonido ya listo para celebrar. Pero ahora están en silencio.

En la esquina una señora apura al grupo de a pie, van a votar a pocas cuadras de ahí.

De pronto recibo un mensaje con la denuncia de Gloria Álvarez de fraude electoral. Esa chava es rara. Eso es populismo.

Existen varias denuncias, pero la realizada por el Mirador Electoral es la más consistente. Hay compra de votos y acarreos.

La magistrada Mijangos del tribunal supremo electoral explica que los acarreos son normales. ¡Qué tal¡

Le faltó agregar que en mi pueblo, el alcalde paga Q100 por voto, para ayudar a la economía familiar.

 

Foto de Prensa Libre

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