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El trabajo parcial

Recientemente fue aprobado el reglamento que permite el trabajo parcial en Guatemala, en cumplimiento del Convenio 175 de la Organización Internacional del Trabajo, OIT.

Como sucede en estos casos, se recurre a las mismas falacias sobre las oportunidades que abre una situación de este tipo. El ministro de trabajo dijo sin bases, ni sustento, que este reglamento “puede ser una gran oportunidad para que Guatemala genere más empleo”. Fundesa por su parte se sumo al coro de halagos, dicendo que la posibilidad del trabajo a tiempo parcial significa un paso “importante en el fomento de un clima de negocios que beneficia el trabajo formal en el país”. Más de lo mismo, si no se dice cómo se logrará.

Como no podía ser de otra manera, las diversas cámaras patronales también se sumaron a las felicitaciones. Amchan mencionó que con este reglamento “se podrá promover el empleo entre la población joven del país”. Agexport fue más lejos y solicitó como complemento una política para atraer inversiones en mejores condiciones para que en conjunto se promueva el empleo. La Cámara del Agro manifestó su complacencia pues ello “facilitará la creación de empleo formal”.

Es realmente un beneficio para el país, sus trabajadores y las familias este reglamento.

De acuerdo con el Convenio 175 de la OIT, “el trabajo de tiempo parcial se designa a todo trabajador asalariado cuya actividad laboral tiene una duración normal inferior a la de los trabajadores a tiempo completo en situación comparable”; dicha comparabilidad dependerá de la legislación laboral de cada país. En todo caso es una forma de empleo atípico, que para unos países puede variar el tiempo de contratación entre 20 horas, hasta 35 horas a la semana, en el caso guatemalteco el tiempo completo son 8 horas diarias, lo que puede contabilizar 40 horas a la semana de lunes a viernes, 44 si se trabaja sábado medio día y 48 si solo descansa el día domingo.

El reglamento guatemalteco, permite que trabajadores de tiempo completo puedan ser contratados como trabajadores a tiempo parcial, y el cálculo del salario puede ser fijado sobre una base horaria siempre y cuando no sea inferior al salario mínimo fijado por ley. Eso de entrada vulnera los derechos adquiridos de los trabajadores con contratos de tiempo completo.

Si un trabajador activo de tiempo completo acepta el traslado de su contrato y pasa a ser trabajador a tiempo parcial, la primera repercusión directa recae su poder adquisitivo, no podrá ganar menos del salario mínimo, pero este será proporcional al número de horas del nuevo contrato, lo cual puede que no alcance para cubrir las necesidades básicas vitales. Otra repercusión directa recae sobre la cotización del seguro social y no queda claro cómo se hará el cálculo del monto de su retiro, si su ccontratación reduce el tiempo y el monto de su cotización.

Tendrá repercusión sobre la calidad del empleo y sobre todo, el control de las horas extras exigidas al trabajador. Es normal una extensión de la jornada laboral sin paga, debido a la poca supervisión del ministerio de trabajo en el cumplimiento de la normativa de las horas extras. El trabajador dependerá de un contrato parcial, definido por el patrono dentro de un esquema atípico de contratación. Lo cual rompe con la primacía del código de trabajo y deja abierta la posibilidad para generar muchos abusos.

A las empresas les beneficia este tipo de contratos dado que abaratan la contratación, pueden reducir la retribución del trabajo, incrementar el rendimiento con diversas modalidades de trabajo a destajo y cambian los costos y prestaciones laborales. Lo que resulta siendo un estimulo fiscal que favorece al capital, el cual debe ser asumido por los trabajadores.

Que este tipo de acciones promuevan el empleo formal es una contradicción. En todo caso, promueven la mobilidad laboral y generan una mayor necesidad al trabajador para buscar el complemento salarial que le permita una vida con las condiciones mínimas aceptables.

Este tipo de empleo precariza el trabajo juvenil, al aprovecharse del subsidio familiar que reciben los jovenes que inician su vínculo laboral, lo que marcará la tendencia del nuevo empleo. Al mismo tiempo afecta directamente el empleo femenino, pues constituye el mayor porcentaje de trabajadoras en dicha condición, con este reglamento, se legaliza su situación irregular.

El trabajo parcial hará más precario las condiciones laborales y las relaciones con el patrono. Eventualmente esto abre las puertas a los trabajos eventuales, por cuenta propia a favor del contratante, a contratos ficticios de cero horas, pagados por productos o a destajo, abriendo las puertas a diversidad de formas de contratación, como el tele trabajo, el trabajo sin prestaciones, los contratos autónomos, la subcontratación, etc. Algo que ya se hace, pero de forma irregular.

El reglamento publicado no permite visualizar como se establecen las vacaciones de ley, las jornadas máximas de tiempo parcial, las prestaciones laborales, los fondos de pensiones y jubilaciones, las indemnizaciones, incluyendo el abuso y pago de las horas extras y los tiempos máximos de contratación. Es un vacío que deja el reglamento.

En un país donde los derechos de los trabajadores no se han respetado, donde la precariedad del empleo es la norma, este nueva normativa se puede convertir en otra herramienta para flexibilizar más las relaciones laborales. Y sí el aplauso del sector patronal ha sido unánime, nada bueno puede resultar para los trabajadores, pues las felicitaciones de este sector nunca son gratis.

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