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Elecciones a la carta

Al proceso electoral se le quiere condicionar por la vieja política, quién marca el paso de los temas y la agenda mediática. Su objetivo es simple: restaurar su poder dentro del entramado corrupto del Estado para mantener el sistema de cooptación política que tantos beneficios ha otorgado. Para lograr sus fines hay una alianza no escrita entre la vieja política incrustada en el aparato estatal, la narco política que coopta el poder local, los sobrevivientes de los procesos judiciales y los empresarios neoliberales que se aferran a los beneficios del modelo económico imperante.

El desconocimiento de la ciudadanía sobre los candidatos, la falta de programas electorales de los partidos políticos y la capacidad de estos para hacer propaganda negra en contra de sus contrincantes, genera incertidumbre y apatía entre el electorado, lo que permite los diversos intereses en juego. Los verdaderos poderes gestionan el proceso electoral por etapas: descartando a todos aquellos que son incomodos, luego desgastando aquellos que son competencia y recurriendo a la justicia para frenar todo intento que pretenda destruir el poder corrupto que anida en las instituciones públicas.  

Para lograr esto se utiliza la judicialización de la política. Se trata de un elemento que busca definir quién puede y quién no puede competir como candidato. Son elecciones condicionadas que generan una democracia por descarte, al utilizar a la justicia en el principal decisor del juego democrático, los votos al final contarán menos que antes. Serán los jueces, y no los electores, lo que definan la contienda electoral.

Los sobrevivientes de los procesos judiciales por corrupción, que en definitiva son los que mantienen con vida el sistema y lo reflotan, son los que han definido el camino del linchamiento judicial como la vía para mantener el poder. La neutralidad de las instituciones y la propia institucionalidad del Estado se encuentra bajo acecho. Aún y cuando judicializar la política no es nuevo, ahora los jueces son parte importante del mismo proceso electoral y por ello se han convertido en actores con intereses propios, lo que hace que las decisiones judiciales sean politizadas. Mientras la fiscal parece que mantiene una alianza silenciosa a favor del poder corrupto.

Es innegable que las elecciones son una palanca para sostener el sistema y el modelo socio económico imperante, aquí y en otros lados. Pero en está coyuntura el objetivo va más allá y pretenden enterrar la lucha por la justicia y generar impunidad para consolidar la trama de cooptación y las prebendas del modelo económico. En esas circunstancias la democracia por descarte hará que el proceso electoral reflote el sistema, le proporcione oxígeno y reconfigure la estructura del poder en beneficio de los que aún hoy detentan el poder.

Si se quiere competir por el poder, el voto consciente puede significar un cambio importante y esperanzador para lograr una mayoría de cambio. La respuesta de la ciudadanía será decisiva. La actitud de la otra política puede ser determinante.

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