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Empieza otra elección, pero continua el mismo país.

La Corte de Constitucionalidad votó de manera contundente contra la candidatura de Thelma Aldana. Quizás lo hizo pensando en la estabilidad política del país, que no en razón de la justicia. Las presiones que metió el pacto de corruptos a través del presidente y de los militares promoviendo unas trágicas elecciones caló en los magistrados que prefirieron sacrificar a la candidata incómoda para preservar el sistema.

Con estos resultados la incertidumbre es aún más latente. Los que cooptaron el Estado tienen una larga lista de opciones, tanto para el congreso como para la presidencia. En el poder local, controlan la mayor parte de alcaldías y más del 80% de los alcaldes van por la reelección. El sistema sigue funcionando a pesar de la CICIG, el MP y la FECI. La CC se suma a fortalecer ese poder.

Por el momento, los grandes electores de este proceso resultan siendo los mismos de siempre; la tiranía de la toga que controlan las principales instituciones estatales, los partidos que conforman el pacto de corruptos y los militares y empresarios que se movilizan a cada instante para no perder espacios de poder y entre ellos se protegen.

El comisionado Iván Velásquez afirmó que el financiamiento electoral ilícito era el pecado original de la democracia guatemalteca. Thelma Aldana decidió combatir dicho asunto y quedo fuera del proceso electoral. Y en política no hay buenos y malos, aquí lo que hubo fue una revuelta por el poder. En realidad, es, sobre todo, una lucha de clases y la historia se repite, siempre y cuando los de abajo permitan que ganen los de arriba.

Eso no significa que Aldana y Semilla asuman una postura de clase, sino más bien, representan una opción para romper, por la vía legal y dentro del sistema, al narco estado oligárquico. Los unió la lucha con la corrupción, pero a vista de los resultados, esto resulto siendo un fracaso. El sistema corrupto que ha cooptado el Estado se movilizó contra quién consideró un peligro para mantener el poder, logrado su objetivo, ahora mismo se moviliza contra quién asume esa disrupción del sistema.

A Thelma Cabrera se le comienza ver como Outsider, utilizando los conceptos de la política gringa, pero su postura va más allá, la propuesta de su partido supera la lucha contra la corrupción y cuestiona la política neoliberal. La nacionalización de lo privatizado rompe con todo el esquema que el sistema ha metido al resto de partidos.

En esta coyuntura el voto se convertirá en un arma efectiva, siempre y cuando no refuerce el poder corrupto que hoy ostenta el poder. Opciones existen, razones también. La lucha hay que darla.

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