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Ganó la cooptación, perdió el país.

El triunfo de Alejandro Giammattei representan un retroceso para el país, no solo histórico por las circunstancias en que sucede, también generacional por las consecuencias imprevisibles que tendrá su gobierno para la juventud y el futuro de la rebeldía en este país.

Él encarna mejor que nadie la lucha a favor de la impunidad y la cooptación del Estado. Su triunfo representa una victoria contundente y definitiva del pacto de corruptos, quiénes en definitiva fueron los que permitieron su victoria.

Ganó la derecha más radical, fascista y racista del país. Ganó el neoliberalismo más extremo posible, con el gran capital al comando de ese triunfo que se vincula a los mega proyectos mineros, las grandes hidroeléctricas y el capital financiero que le apoyó en todo. Ganó la visión militarista del estado represor y también ganó el fanatismo religioso misógino encarnado en los pastores de la opulencia.

No es una derecha populista la que asumirá el poder. Más bien, es una derecha militarista, criminal, cuya historia se remonta a la misma configuración del anti comunismo chapín.

Su triunfo encarna dos esfuerzos que a lo largo de la historia se han propuesto las diversas derechas que han tomado el control del Estado. Por un lado, frenar y destruir todo intento de rebeldía y cuestionamiento al sistema imperante. Por eso se manifiestan abiertamente enemigos del movimiento de la Plaza del 2015 y ahora del MLP, el nuevo actor político.

También representa la profundización del modelo extractivo de explotación primario dependiente del capitalismo guatemalteco por la vía de la subordinación al capital externo y al interés del gobierno de Estados Unidos.

Por eso, su principal propuesta fue siempre consolidar el autoritarismo que tanto gusta a los poderes reales de este país. Profundizar la continuidad del control de la sociedad y perfeccionar la impunidad eterna, como herramienta para consolidar el poder.  

Su política exterior estará condicionada a lo que marque el interés de Estados Unidos y en los próximos años la prioridad será viabilizar el acuerdo del tercer país seguro. Eso implica olvidarse de una vez y para siempre de otro experimento tipo CICIG y desterrar la idea de cambios constitucionales que permitan una reforma al sector justicia.

El nuevo congreso no será un obstáculo para el gobernante recién votado. A pesar de contar con la mayor cantidad de diputados, la UNE no será oposición. Muchos de esos diputados pronto se declararán independientes y la verdadera oposición está dispersa y es minoritaria.

Después de Jimmy, el desinterés por las elecciones fue patente en amplios sectores de la sociedad. Cada vez más, la gente está cansada de engaños y la elección de ahora, patentiza con mayor claridad el hastío de la población por esa situación. Pero esa abstención favoreció al ganador y permitió que las posturas más reaccionarias volvieran a gobernar este país. No porqué Sandra Torres, la eterna perdedora, fuera mejor. Simplemente por que nos pusieron a seleccionar entre dos males, y se terminó escogiendo al peor.

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