La historia de siempre

por | junio 29, 2020

Toda historia tiene sus personajes siniestros, pero unos destacan más que otros por lo macabro que resultan. Es el caso de Gustavo y Felipe Alejos, uno en la cárcel y otro gozando de impunidad desde el Congreso de la República.

Ambos están rediseñando la justicia del país. Un propósito nada esperanzador. Para lograr dicho objetivo cuentan con el apoyo de políticos, empresarios y abogados de distintos pelajes, tres sectores muy bien amalgamados y suficientemente unificados en torno al tema de la impunidad y la venganza.

En conjunto representan las fuerzas más oscuras de la política criolla, que han mantenido el poder durante años y que ahora reclaman, con fuerza y sin vergüenza, la imperiosa necesidad de continuar con el modelo corrupto que mantiene al estado cooptado desde sus cimientos.

Eso está causando un enorme daño al país, más de lo que cualquier analista sensato se puede imaginar. La crueldad de esa actuación atenta contra los intereses de todos, pero el mal político vendrá después y alimentará nuevas alianzas criminales para llevarnos al propio infierno.

Ahora mismo, todos los involucrados ganan impunidad, a costa de la democracia y el país. Más adelante el botín será otro.

El espíritu calculador del presidente del país en esta crisis lo ubica del lado del mal, en la complicidad con las fuerzas corruptas y siendo parte del plan. Su silencio lo delata y los resultados se amoldan muy bien a sus propios intereses, tanto partidistas como personales, al mismo tiempo esta situación le permite devolver los favores a sus promotores y financistas.

La Corte de Constitucionalidad dejó de ser buena, desde el momento que no resolvió de acuerdo a las necesidades del pacto de corruptos. Por eso ahora, muchos quieren cobrar venganza. Por que ya tienen restituido el orden cooptado de antes, necesitan sentar un precedente.

Es ahí cuando estos siniestros personajes entran en juego, pues ellos representan las piezas visibles del mecanismo perverso que se construyo al amparo de la democracia y el neoliberalismo y que por ningún motivo esos sectores están dispuestos a perder, dada la cantidad de privilegios que gozan. Son ellos los que alinearon los planetas para que el resto suceda por inercia.

Mientras la cúpula empresarial cierra filas y alista sus demandas, los abogados simplifican el campo de batalla con argumentos retorcidos llenos de legalismos. Pero todos esperan la luz verde para dar el zarpazo final, pues los argumentos están de sobra. El presidente del congreso es el operar visible de este entramado, pero que sabe que cuenta con el respaldo de muchos otros, que dan el dinero y el poder para que se concrete el plan.

Para algunos la última palabra la dará una embajada cómplice de este desbarajuste. Si permite que los Alejos se salgan con la suya, el costo de retomar el control será peor que frenar este asunto de cuajo. Para otros la solución a esta disputa esta en los propios involucrados, con salidas legales que permitan reestablecer cierto orden y balance de poder.

Pero a estas alturas la impunidad ganó con soltura. La venganza se está consumando. Solo queda esperar los daños, pues los beneficios hace tiempo que se los reparten los mismos de siempre.

Al final, se hará lo que imponga la cúpula empresarial, como siempre ha pasado.

Imagen: Congreso de la República