La locura de país

por | junio 10, 2020

Qué hacemos con tanta ignorancia. Cuál será el antídoto para frenar ese rancio fundamentalismo religioso que nos mata a diestra y siniestra en el país de la muerte. Por qué las tantas bendiciones que derrama el presidente en sus alocuciones diarias tienen el efecto contrario.

No será acaso que usa ese estribillo desprovisto de sentido para justificar ante un público segado por la religiosidad su propia ineptitud.

Ese entramado de creencias entre el bien y el mal que hemos desarrollado justificando las barbaridades que se hacen en aras de la libertad de empresa y el enriquecimiento de unos pocos, nos están llevando de la ruina al colapso como sociedad.

Vivimos en una corrupción irracionalmente justificada, dentro de una pobreza absoluta y una riqueza enajenante y absurda. Somo una sociedad previsible, fundamentalmente racista y misógina, apegada a una idea del Dios vengador que se muestra impasible ante la injusticia.

Desde el Mariscal Zabala, los peces grandes de la corrupción viven como reyes invocando al todo poderoso para por evadir sus actos. Atrás existe con impunidad inaudita una jauría de difamadores profesionales que glorifica el poder que tanto ostentan y sus fechorías, sospechosamente arropados por ciertos poderes estatales.

Mientras tímidamente el secretario de Estado de los Estados Unidos llama corrupto a Gustavo Alejos, sin reparar que antes destruyeron a la comisión contra la corrupción por la influencia de los grupos cristianos que apoyan la barbarie y hablan de Dios en primera persona. Hasta hace pocos meses eran grandes socios de Morales y compañía, no se nos olvide.

La normalización de la desigualdad y el racismo es parte de nuestra normalidad enferma. Conservar la naturaleza y la biodiversidad de nuestra tierra, es de anormales. Mantener presos a los corruptos, es de perversos según los corruptos.

Aquí generar empatía no es normal. Respetar la vida es para los débiles.