Por principio

Me agradan las personas con principios, aún y cuando no los comparta. Pero la postura del presidente declarándose provida es oportunista y de gente sin principios.

Porque es fácil llenarse la boca y elaborar una elocuente declaración pública, vociferando a los cuatro vientos ser defensor de la vida, cuando su comportamiento dice todo lo contrario.

Basta recordar que cuando ganó la elección, dijo: “La aplicación de la pena de muerte está, es constitucional, y si las leyes están, hay que cumplirlas”. No es eso una falta total de coherencia. No es eso una contradicción del principio de la vida. Análogamente no puedes defender solo aquella parte de la vida que te sume aliados políticos.

Tampoco su gobierno hace mucho para frenar las violaciones de niñas que, de acuerdo con el Observatorio de los Derechos de la Niñez, al menos 5.133 niñas de entre 10 y 14 años resultaron embarazadas el año pasado. Eso significa impunidad. Algo que también busca al apoyar la continuidad de las cortes y atacar al Procurador de los Derechos Humanos.

El presidente ha sido así a lo largo de su vida política. Ha brincado de partido en partido durante 20 años, buscando llegar a la presidencia, diciendo una barbaridad de cosas, con tal de quedar bien ante sus aliados. Ahora que está en el cargo, ni su discurso, ni sus actitudes armonizan con sus actos, ni con sus decisiones.

Siendo un Estado laico, no es posible que sea una iglesia la que dicte la política del país. No es posible que el presidente, para congraciarse con el pastor, desconozca las resoluciones de las entidades públicas que intervienen en asuntos de Estado con base en las leyes vigentes.

También es bastante sospechoso que el mandatario y sus fieles pastores se ocupen tanto de la vida desde su gestación, pero hagan poco o nada cuando esta vida se concreta y se realiza. No hemos visto ningún comunicado por la pobreza y la desnutrición crónica existente que provoca miles de muertes de niños y niñas en este país.

Que partidos políticos señalados de corrupción y políticos sin ninguna legitimidad se sumen al llamado del presidente resulta repugnante e hipócrita.

Los dogmas religiosos se han utilizado para engañar y manipular a la opinión pública. Por decencia, el pacto de corruptos debe dejar de usar el tema del aborto y el presidente debe dedicarse a gobernar, no a recibir los encargos de los pastores.