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Qué pasa con el petróleo

En el año 2013 los precios de petróleo alcanzaron cifras de escándalo, el precio de crudo Brent se cotizó en $140 dólares el barril. Ya para el 2014 se cayeron estrepitosamente dado que países como Arabia Saudí amplió sus reservas y superó con facilidad la oferta existente, lo que provocó un precio inferior a los $100 dólares.

Cinco años después, la volatilidad continúa, dado que existe excedentes internacionales y las empresas están rentabilizando la ampliación de la capacidad productiva de hace cinco años, pero se ven afectadas las perspectivas de futuro por los conflictos existentes en los países productores y las dificultades económicas actuales, lo que provoca un comportamiento inestable que es aprovechado para especular con los precios.

Uno de los principales productores y exportadores de petróleo es Venezuela. El país sufre una caída de su producción, entre otros factores por la inestabilidad política que existe y por la guerra declarada por el gobierno de Trump contra la economía de ese país. El bloqueo financiero impuesto por Estados Unidos con la congelación de los activos exteriores de PDVSA provocan una disminución de la oferta del petróleo venezolano y reduce drásticamente la venta a países occidentales.

Las disputas de la administración Trump con Irán también afectan directamente la producción de ese país y su capacidad exportadora. A eso se suma los conflictos en Libia y Angola, ambos importantes productores que han visto reducida su capacidad de extracción diaria. Los especuladores asumen que a finales de año el precio de barril alcanzará los 70 dólares, en la actualidad se encuentra en 56 dólares.

Las condiciones más estrictas de suministro han provocado un incremento en los precios en las últimas semanas. Este repunte se debe en parte a la reducción de las reservas de petróleo reportadas por Estados Unidos, quien en su lucha contra China por imponer aranceles a los vehículos importados, ha provocado temor entre los inversores, tanto que terminó afectando los precios de petróleo a nivel interno.

Por otro lado, el anuncio de Arabia Saudí de reducir su producción diaria está generando una alteración importante de la oferta mundial. Dicha reducción se debe principalmente a la contracción de la economía mundial que afecta a las principales economías del mundo y al intento de ese país por incrementar sus ingresos para financiar su guerra contra Yemen.

Estados Unidos  apuesta por precios altos para el petróleo, dada la tendencia de convertir ese país en un exportador neto. “Si Estados Unidos se convierte en un exportador neto de petróleo, los precios más altos ayudarían, en promedio, a la economía de los Estados Unidos”, dijo el Consejo de Asesores Económicos en el informe económico anual, señalado por Bloomberg. Eso explica en parte los conflictos actuales, dado que Estados Unidos está implicado en la mayoría de sanciones impuestas a países que son importantes productores y exportadores de petróleo.

Sin embargo, por el lado de la demanda existe una contracción importante dada la amenaza de recesión que se pronostica para las principales economías del mundo. China el principal comprador de crudo podría alcanzar su demanda máxima en el año 2025, dado la expansión que ha tenido el mercado de vehículos eléctricos y su apuesta por las energías renovables. Eso provocará que China deje de ser el motor de la demanda mundial de petróleo en pocos años. A eso se suma sus resultados de crecimiento, que cada año reportan un estancamiento de la actividad económica importante.

Noruega es otro país importante entre los productores y exportadores de petróleo, decidió que su fondo de riqueza soberano debe deshacerse de sus inversiones en el sector petróleo y gas. El motivo es simple, reducir el riesgo que implica una cartera con el 6% de su fondo invertido en esos rubros y evitar un proceso inflacionario interno que está provocando una caída de la producción industrial. Eso significa desinvertir un millón de millones, (mil millones de dólares) del fondo de riqueza que muestra que la volatilidad del negocio a corto y mediano plazo puede poner en peligro dichas inversiones.

En América Latina las dos grandes empresas de petróleo están generando cambio en direcciones contrarias. Por un lado, en México, López Obrador ha iniciado un proceso de saneamiento de Petróleos Mexicanos Pemex y a dispuesto modernizar y aprovechar ese recurso en manos del Estado. Por su parte el gobierno de Bolsonaro en Brasil promueve ampliar su programa de venta de activos importantes, desvinculando esas inversiones del control del Estado.

La OPEP ya no tiene la fuerza y el control sobre el mercado que tenía antes, en la que actuaba como un cartel. Pero aún es un actor importante y en junio en Viena tomará una decisión política sobre los recortes en la producción, con el objetivo de empujar los precios al alza. Esa determinación se debió asumir en abril, pero no existieron los consensos necesarios y se pospuso para la próxima reunión.

En Estados Unidos existe una disputa entre los productores de vehículos eléctricos y la industria del petróleo que ha generado una intensa campaña de cabildeo en el Congreso de ese país. Unos buscan incrementar el crédito fiscal destinado a la producción de auto eléctricos y otros, eliminar dichas concesiones.

La desaparición paulatina del petróleo como generación de electricidad será un hecho en el corto plazo. El cambio de la matriz energética en el mercado de vehículos genera también incertidumbre, no por la tendencia, sino por los plazos. Las empresas del sector quieren rentabilizar las enormes inversiones realizadas en los últimos años y por eso su apuesta sobre los precios para ampliar el margen de ganancia y por consecuencia lograr una recuperación más rápida de la inversión. Esa lucha está generando más conflictos que soluciones y está afectando directamente en comportamiento de los precios finales de los hidrocarburantes.

A nivel local, no hay mucho que agregar. Los distribuidores de gasolina son un cártel que se ponen de acuerdo para imponer el precio más elevado posible. Esa volatilidad en los mercados internacionales solo les favorece, pues es una de las mejores justificaciones que tienen para ajustar sus precios. En el país, no hay una política al respecto y todo está sujeto al mercado. Un mercado controlado por dos o tres agentes que son los que en definitiva deciden a qué precio nos venden la gasolina.  

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