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Reflexiones sobre la privatización de la educación superior

Para comprender el conflicto existente actualmente en la Universidad de San Carlos de Guatemala es importante partir de un aspecto fundamental: el derecho a la educación, consagrado en la Constitución Política de la República, no se hace del todo efectivo, debido entre otros factores, a la influencia de las políticas neoliberales que se han implementado en la institución, lo que impide que se cumpla a cabalidad con ese derecho.

Dos aspectos ideológicos del neoliberalismo han calado profundo en la conducción universitaria, la eficacia utilizado como sinónimo de calidad educativa y la competitividad, asociado al mercado laboral y a la demanda de las empresas por profesionales de ciertas características para el proceso económico, bajo supuestos de mercado. Dicha lógica, en una entidad pública, con mandato constitucional específico, es contraproducente dado que debe asumir políticas contrarias al Estado y al bien común que consagra su legislación y su quehacer universitario.

Estas visiones han generado una marcada tendencia a mercantilizar áreas específicas de la academia. Eso se convierte, poco a poco, en un mecanismo de privatización, que se ven reflejados, por ejemplo, en los baremos de acceso que se establecen, los cuales están vinculados a la capacidad de pago que puedan tener los estudiantes. Es cierto que el término privatización es algo ambiguo. Se puede entender como una venta o traspaso de un bien público o el uso de un activo social por parte de una entidad privada para fines lucrativos.

También la privatización se concreta cuando se eliminan las restricciones en el acceso, la ley de educación superior permitió el auge de la oferta privada, por ejemplo. Otra lógica que explica este proceso son los contratos se servicio, gestión y administración de bienes y servicios públicos. En varias áreas del que hacer universitario se manifiestan procesos de esa naturaleza ya sea a través de contratos y de concesiones bajo la óptica de mercado. 

El conflicto más preocupante en la actualidad se da en los procesos de ingreso. El sistema se instauró para mejorar supuestamente “la calidad educativa. Pero no ha sido nada efectivo y se ha convertido en una barrera, no de selección, sino de cupo. La misma universidad reconocer que existe un cuestionamiento a la calidad y la utilidad de las pruebas que se realizan en el Sistema Universitario de Nivelación, el SUN; y el fin último que tienen en la práctica las pruebas específicas tampoco ha dado los resultados esperados. 

Esto ha provocado desencanto y desamparo en la comunidad universitaria. Los costos de acceso se han incrementado a la luz de una visión mercantilista de asumir el proceso como un mecanismo de selección y no de nivelación. Para los aspirantes a una educación pública superior el resultado insatisfactorio, utilizando la jerga neoliberal. 

En otras palabras, muchos se quedan sin poder ingresar a la Universidad Pública, debido al deterioro de las condiciones del sistema educativo nacional, sin que los estudiantes tengan culpa de ello. Lo que permite un crecimiento en la matrícula universitaria privada y se dé la paradoja que los estudiantes que provienen de establecimientos públicos, con menos capacidades económicas, están siendo rechazados por la universidad pública y terminan pagando una matrícula privada, mientras que los estudiantes en condiciones económicas más solventes, son admitidos en la universidad pública.

Aprovechando estos inconvenientes, se ha generado un proceso de mercantilización de la educación para solventar los problemas de acceso y las barreras que se imponen, supuestamente para mejorar la academia, pero que en definitiva se convierten en un proceso de exclusión que tiene que ver principalmente con las condiciones económicas de los estudiantes y sus vínculos con la educación pública o privada en la etapa intermedia.

Dicha situación crea una segmentación educativa y es un factor que explica la lucha de los estudiantes para revertir el discurso neoliberal y las políticas que tratan de implementar al interior de la USAC. La exclusión social, vinculada a condiciones económicas, puede generar exclusión educativa, y una política neoliberal sería contraproducente en un sistema de educación pública porque revierte sus fines y objetivos y genera más desigualdad económica reduciendo los derechos de acceso a la educación que ya están establecidos.

Se puede estar o no de acuerdo con el manifiesto y las exigencias del CEU, con la protesta y la toma del campus, pero lo que si hay que tener claro es que esos temas deben debatirse ampliamente, por todos los sectores que conformamos la USAC, y en conjunto buscar las mejores soluciones posibles. Este tipo de acciones abren la puerta para para poder abordar de fondo la problemática que nos afecta. La academia es importante, siempre y cuando cumpla su función al servicio de la población y no se convierta en un negocio que excluye y discrimina.

Fotografía tomada del muro de FB de CEU-USAC

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