Sin vacunas si hay paraíso.

En manejo de la pandemia es desastrosa. Se paso de un ministro incompetente, a una ministra sin capacidad para gestionar adecuadamente el plan de vacunación.

No estamos en el caos, porque la costumbre de vivir en un país en crisis permanente nos lleva a desentendernos de la situación, cuestión que aprovechan los gobernantes para priorizar intereses de grupo y profundizar en la cooptación del Estado, antes que buscar el bienestar de los ciudadanos.

Pero la situación es grave, con saturación hospitalaria, sin vacunas y con incertidumbre sobre el presente inmediato.

Se vive de donaciones, no se sabe dónde está el dinero, ni cuando vienen las vacunas ya compradas. La propia ministra dice que es preferible más personas vacunadas con una dosis, que completar el ciclo de inmunización a pocas personas, lo que genera mayor incertidumbre.

Mientras eso pasa, el presidente fanfarronea sobre el “buen desempeño económico”, quiere convertir al país en un centro logístico internacional y presume de ser un gobierno transparente. Y luego se pregunta porqué le apodan #LordPajas.

La corrupción y la incapacidad de la clase dirigente por visualizar un nuevo modelo de convivencia ciudadana nos deja sin futuro. En medio de estas vicisitudes, la pandemia se expande, y la cooptación de la justicia también. Nos convertimos en el paraíso de la impunidad, el narcotráfico y la corrupción.  Y sin vacunas, pero en el paraíso.