Vacunas

El otro día me dieron la primera dosis de la vacuna rusa Spunitk. En un país con tantas carencias y tan desigual como pocos, estar vacunado es un privilegio que hay que agradecer y celebrar. Más cuando el gobierno ha manejado el tema de forma negligente, por no decir criminal.

En la actualidad se sobrevive en base a donaciones, porque no hay vacunas. Donaciones de todo tipo que se presumen como un logro. Tanto que el carné en donde anotan el tipo de vacuna y la dosis que aplicaron es también una donación de Unicef y la Embajada de Japón, ni una simple cartulina impresa puede pagar el país, a pesar que el dinero y los recursos que se supone los tienen.

Los hospitales están saturados y no tienen medicina, ni equipo suficiente para enfrentar esta nueva ola, a los médicos que atienden las emergencias Covid-19 no les pagan de forma puntual. Tampoco hay vacunas suficientes y el presidente prefiere mantener la economía funcionando, que frenar la propagación de la enfermedad y prácticamente se desentendió de la pandemia. O, mejor dicho, de sus obligaciones.

El canciller en persona viajó a Rusia para gestionar y renegociar el contrato de las vacunas, con el objetivo que los rusos nos envíen las dosis compradas y pagadas. Pero cuando regresa y se presenta ante la prensa y los diputados que lo interpelan, no tiene ni idea de cómo está el contrato y tampoco le han dado garantías, ni siquiera un cronograma, para la entrega de las vacunas. Tanta ineptitud reflejada en dos funcionarios que sin vergüenza exhiben sus pobrezas, en gobierno plagado de ineptitud y corrupción.

El virus sigue su expansión y cada día crece el número de muerto en el país. Personas que se pudieron salvar, si existiera voluntad y determinación por parte de quién gobierna para enfrentar esta situación. Lamentable tener gobernantes que solo les importa su propio ombligo, hacerse ricos a costa de la salud de todo un país.

Qué pasará con la gente, que por la edad no puede acceder aún a la vacuna. Y qué pasará con la gente que ya tiene la primera dosis, pero sin la seguridad de recibir la segunda dosis. Que estar vacunado, no garantiza el paraíso.