La nueva guerra fría contra China

JOHN BELLAMY FOSTER , SOCIÓLOGO ESTADOUNIDENSE EDITOR DE LA REVISTA MONTHLY REVIEW

El 24 de marzo de 2021, apareció un artículo de alto perfil que proclamaba “No habrá una nueva guerra fría” en Foreign Affairs (la publicación insignia del Council on Foreign Relations, el principal centro de estudios de la gran estrategia estadounidense). El autor, Thomas Christensen, profesor de asuntos internacionales en la Universidad de Columbia y ex subsecretario de Estado adjunto para asuntos de Asia oriental y el Pacífico de la administración de George W. Bush, reconoció que “la administración Trump básicamente declaró una guerra fría a China». (1)

Sin embargo, Christensen indicó con optimismo que ninguna Nueva Guerra Fría se materializaría, ya que Washington con Joe Biden, presumiblemente, se debería alejar de las políticas extremas de Trump hacia China dada su «posición vital en la cadena de valor global». (2) … Pekín no debía ser visto como una potencia agresiva en términos ideológicos o geopolíticos, sino que simplemente como una “potencia interesada en la competencia económica”.

Sin embargo, lo que el análisis de Christensen excluyó fue la mención al sistema mundial imperialista, coronado por la hegemonía estadounidense, que ahora se ve amenazado por el aparentemente inexorable ascenso de China en la búsqueda de su propio proyecto soberano. (3)

A este respecto, la Nueva Guerra Fría contra China no es una anomalía, sino más bien es la inevitable respuesta de Estados Unidos al ascenso de China y al fin del momento unipolar del que gozó Washington. Al igual que Estados Unidos declaró la Guerra Fría contra la Unión Soviética y China en las décadas de 1940 y 1950 (como parte de una estrategia para asegurar su hegemonía global) hoy en día está declarando una Nueva Guerra Fría contra China, en aras de mantener su hegemonía imperial.

De hecho, días antes de que se publicara el artículo de Christensen la administración Biden dejó en claro que no solo tenía la intención de continuar esta Nueva Guerra Fría, sino de llevarla a niveles superiores.

Esto último se hizo evidente en las primeras conversaciones bilaterales de alto nivel entre Estados Unidos y la República Popular de China, celebrada el 18 de marzo de 2021 en Anchorage. En la cumbre se sentaron frente a frente el secretario de Estado Antony Blinken, el asesor de Seguridad Nacional Jake Sullivan con el director de la Oficina de la Comisión Central de Relaciones Exteriores de China, Yang Jiechi, y el ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi. (4)

En la semana anterior a la cumbre, Washington había preparado el escenario. A través de sus acciones había empezado a promover una Guerra Fría 2.0 híper-agresiva dirigida contra China, así, el 12 de marzo, Biden se reunió con los jefes de estado de Japón, India y Australia, que representaban una nueva alianza estratégico-militar liderada por Estados Unidos, denominada Quad, un intento de construir un análogo asiático a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). El llamado “Quad” emitió una declaración conjunta cuyo subtexto completo era una abierta y manifiesta enemistad hacia China. (5)

El mismo día, la Comisión Federal de Comunicaciones de EEUU incluyó en su lista negra a cinco empresas chinas, incluida Huawei. (6)  Y, a última hora del 16 de marzo, menos de dos días antes de que comenzaran las conversaciones con China, Biden renovó las sanciones contra veinticuatro funcionarios del gobierno chino, en respuesta a la supuesta represión de la disidencia en Hong Kong. (7)

Anchorage: declaración de una nueva guerra fría

En una inusitada ruptura con el protocolo diplomático, Blinken inició las conversaciones bilaterales en Anchorage afirmando sin rodeos que él y el secretario de defensa de Estados Unidos, Lloyd Austin, acababan de regresar de una reunión con sus homólogos en Japón y Corea: “dos aliados militares de Estados Unidos que comparten las preocupaciones de Washington con respecto a China”.

El objetivo de Washington, dijo, era «promover los intereses de Estados Unidos y fortalecer el orden internacional basado en reglas». Luego provocó directamente a Beijing, refiriéndose a la “profunda preocupación con las acciones de China en Xinjiang, Hong Kong y Taiwán”. También a los “ataques cibernéticos a los Estados Unidos y a la coerción económica hacia nuestros aliados”, porque “cada una de estas acciones amenaza el orden basado en reglas que mantiene la estabilidad global”.

Sullivan se refirió deliberadamente a la reunión de Biden «con los líderes del Quad» y a las preocupaciones de esta alianza militar en el Indo-Pacífico, poniendo de esta manera en primer plano el pacto bélico, formando en Asia contra Beijing. Agregó que los aliados y socios de Estados Unidos habían expresado «áreas de preocupación con respecto a la coerción económica y militar» por parte de China y que Estados Unidos esta dispuesto a una una «dura competencia» con China, pero que también, insinuó, estaba preparado “para un conflicto a gran escala”. (8)

Yang respondió insistiendo que China defende firmemente «el sistema internacional centrado en las Naciones Unidas y el orden internacional sustentado por el derecho internacional: “no lo que defienden un pequeño número de países como el llamado orden internacional basado en reglas, el pueblo chino, agregó, está unido en torno al Partido Comunista de China, y nuestros valores son los mismos valores comunes de toda la humanidad. Estos son: paz, desarrollo, equidad, justicia, libertad y democracia”. Yang hizo hincapié en las diferentes concepciones de democracia entre China y Estados Unidos. Además, contrastó la política exterior de Beijing con la de Washington, tanto históricamente como en el presente:

“No invadimos las naciones mediante el uso de la fuerza, tampoco derrocamos los gobiernos por diversos medios, o masacramos a las poblaciones de países que no piensan como nosotros … Estados Unidos ha ejercido jurisdicción y represión durante un largo tiempo sobrepasando su seguridad nacional mediante el uso de la fuerza o con la hegemonía financiera, y esto ha creado obstáculos crecientes para las actividades comerciales normales. Estados Unidos también ha estado persuadiendo a algunos países para que lancen ataques contra China. … Con respecto a Xinjiang, el Tíbet y Taiwán, recordó que estas regiones son parte inalienable del territorio de China: “nos oponemos firmemente a la interferencia de Estados Unidos en los asuntos internos de China. Hemos expresado nuestra oposición a tal interferencia y tomaremos medidas firmes en respuesta”.

Yang insistió en que Washington no tenía ninguna base moral para sermonear a Beijing sobre derechos humanos dado su propio historial, como lo han simbolizado las protestas del movimiento Black Lives Matter: «los Estados Unidos no representan la opinión pública internacional, ni tampoco el mundo occidental». Con respecto a los “ciberataques”, afirmó, “Estados Unidos es el campeón en capacidad de lanzar ciberataques. Por tanto, no se puede culpar de este problema a otro país».

Por su parte Wang indicó:

“China insta a la parte estadounidense a que abandone por completo la práctica hegemónica de interferir en los asuntos internos de China … Tomamos nota que un día antes de esta reunión, Estados Unidos ha intensificado las sanciones contra China con el pretexto de Hong Kong. El pueblo chino está indignado por esta grave injerencia en nuestros asuntos internos… se supone que esta no es la forma que se deberías recibir a los invitados (estas conversaciones bilaterales tuvieron lugar en Alaska), y nos preguntamos si esta es una decisión tomada por Estados Unidos para tratar de obtener alguna ventaja en el trato con China”. (9)

Blinken replicó refiriéndose a los “problemas” planteados por los aliados y socios e hizo hincapié en la determinación de Washington de construir alianzas estratégicas contra China. Sullivan destacó la destreza tecnológica estadounidense con el aterrizaje, un par de semanas antes, de otro Rover en Marte y criticó duramente a la delegación china por sus «declaraciones largas y tortuosas». (10)

Yang respondió que se había «sentido obligado a hacer este tipo de discurso debido al tono estadounidense», porque “los diplomáticos estadounidenses han eligido hablar con China, desde una posición de fuerza en una acción cuidadosamente planificada”.

Wang alertó por la velada referencia de Blinken a Japón y Corea del Sur no dejaba claro si esta actitud realmente provenía de esos países o simplemente era una proyección de la política estadounidense. (11)

«Para una prensa asombrada, observó Thomas Wright, del Brookings Institution, fue como estar presente en los albores de una nueva guerra fría». (12) De hecho, David Stilwell, ex subsecretario de Estado para Asuntos de Asia Oriental y el Pacífico bajo Trump, y Dan Negrea, del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales, escribieron diez días después en The National Interest: “Treinta años después de la desaparición de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría, el mundo se encuentra en una nueva guerra fría centrada en China”. (13)

Washington continuó en las siguientes semanas con sus agresivos ataques contra China:

22 de marzo: Estados Unidos, junto con la Unión Europea, el Reino Unido y Canadá, sancionaron a cuatro funcionarios chinos por presuntas violaciones de derechos humanos en Xinjiang. (14)

24 de marzo: Los ministros de Relaciones Exteriores de los treinta estados de la OTAN declararon que estaban dispuestos a oponerse a las «amenazas autoritarias al orden internacional basado en reglas», en cooperación con sus aliados y asociaciones en Asia-Pacífico, señalando así a China como un enemigo.

25 de marzo: Una semana después de las conversaciones bilaterales, Biden en una conferencia de prensa declaró que “Xi [Jinping, el presidente de la República Popular de China], no tiene un núcleo democrático – Y se refirió a él como un» autócrata «. (15)

28 de marzo: La representante comercial de Estados Unidos, Katherine Tai, anunció que Estados Unidos no tenía intención de eliminar los aranceles que Trump había impuesto a los productos chinos, que afectan a la mayoría de las exportaciones de la nación asiática a Estados Unidos. El objetivo, dijo, es conseguir que las corporaciones multinacionales desvinculen sus cadenas de valor de China. (16)

30 de marzo: Aunque carece de pruebas creíbles que respalden los cargos el gobierno de Biden acusó a China de “genocidio y crímenes de lesa humanidad”, presentando esto formalmente en su informe anual de derechos humanos. (17)

8 de abril: Washington incluyó en la lista negra a siete empresas chinas de supercomputación. (18)

30 de abril: La administración Biden organizó una reunión pública entre representantes oficiales del Departamento de Estado de Estados Unidos y sus homólogos de Taiwán. Esto rompe con el acuerdo con China, que se remonta a la década de 1970 —conocidos como los Tres Comunicados— según el cual Estados Unidos evitaría todo contacto oficial con Taiwán, que China considera parte de “una China, con dos sistemas de gobierno”. (19)

5 de mayo: El Grupo de los siete países capitalistas centrales, compuesto por Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y Canadá, se presentó como el garante global del «orden internacional basado en reglas», criticando fuertemente a China. (20)

7 de mayo: En una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU presidida por Wang Yi, Blinken criticó a China y Rusia por desobedecer el derecho internacional y, aunque no se refiere a China por su nombre, a la que ha acusado repetidamente de genocidio, declaró: “Afirmar la jurisdicción nacional «no le dé a ningún estado un cheque en blanco para esclavizar, torturar, desaparecer, limpiar étnicamente a su gente o violar los derechos humanos». (21)

26 de mayo: Biden ordenó a las agencias de inteligencia estadounidenses que investigaran la teoría de laboratorio de los orígenes del SARS-CoV-2 en China; (2) Kurt Campbell, coordinador de asuntos del Indo-Pacífico en el Consejo de Seguridad Nacional, zar de Asia de Biden, declaró que «el período que se describió como “compromiso” con China ha llegado a su fin». (22)

En sus primeros cien días, la administración Biden aumentó significativamente la presión militar sobre China. De enero a abril de 2021, la actividad militar estadounidense a lo largo de las fronteras de China crecieron en un 20 por ciento; se efectuaron y se efectúan incursiones de navíos de guerra, en aguas territoriales reclamadas por China, e irrupciones en su espacio aéreo.

En marzo, Alemania desplegó un buque de guerra en el Mar de China Meridional, y Washington agradeció al «apoyo de Alemania a un orden internacional basado en reglas en el Indo-Pacífico». En abril, Estados Unidos envió un grupo adicional de ataque de sus portaaviones para reforzar sus fuerzas en el Mar de China Meridional. Mientras tanto, Gran Bretaña está enviando el grupo de ataque del portaaviones Queen Elizabeth II al Mar de China Meridional. (23)

Visto en este contexto, la confrontación entre Washington y Beijing en Anchorage, en lugar de constituir, simplemente, un intercambio airado entre diplomáticos apasionados, debe verse como la manifestación de una nueva gran estrategia de Estados Unidos con respecto a China.

La insistencia de Washington en lo que llama un «orden internacional basado en reglas», en contraste con la defensa de Pekín de un orden de Estados Soberanos basados en los principios de la ONU y respaldada por el derecho internacional (tradicionalmente conocido como el sistema de Westfalia), es más que una disputa sobre fraseología diplomática.

Más bien, es la puesta al día de la estrategia de Estados Unidos que tiene como objetivo obligar a China a cumplir con el orden político-económico hegemónico impuesto por una alianza de las principales potencias capitalistas centrales, con el fin de «fijar» las actuales relaciones del poder imperial. (24)

Como ha indicado China, si el «orden basado en reglas» es «establecido por los Estados Unidos, entonces no pueden llamarse reglas internacionales, sino más bien

«reglas hegemónicas «… Y si un puñado de otros países aliados de Estados Unidos se suman a estas reglas, tampoco pueden llamarse reglas internacionales, sino más bien ‘reglas de camarillas’, que de hecho, van en contra el principio de democracia y seguramente “no serán aceptadas por la mayoría de los países del mundo”. (25)

Estados Unidos y las otras economías capitalistas, ubicadas la cúspide del sistema mundial (la tríada de Estados Unidos / Canadá, Europa Occidental y Japón) están comprometidos a preservar no solo las instituciones hegemónicas forjadas en la era de la Guerra Fría – como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional- sino también un sistema de alianzas militares dominadas por los estadounidenses , en lo que se conoce como el sistema post-Westfaliano o “el orden internacional liberal que surgió durante la era del «imperialismo desnudo» desde 1990 hasta el presente.  Este hecho geopolítico fue posible por el vacío creado por la desaparición de la Unión Soviética del escenario mundial y el resultante «momento unipolar» de Estados Unidos. (26)

Durante la era posterior a la Guerra Fría, Estados Unidos y sus aliados llevaron a cabo una política de continuas «intervenciones humanitarias» en los asuntos de otros estados, lo que generó una era de guerra perpetua, comenzando con la expansión de Estados Unidos (y la OTAN) en la Europa del Este, con el desmembramiento de Yugoslavia, así como con las intervenciones militares en Oriente Medio y África, en violación de la soberanía de una variedad de naciones y estados. (27)

Esta agresiva postura imperial ha sido legitimada por la «responsabilidad de proteger» y la promoción de supuestos “valores democráticos y humanitarios», determinados por Estados Unidos y otras potencias capitalistas centrales. (28)

El objetivo estratégico de la Nueva Guerra Fría sobre China- desde el punto de vista de Estados Unidos y sus aliados – no es tanto contener a China económica, política y militarmente, lo cual no es posible, sino encontrar formas de constreñirla, haciendo imposible que se produzcan cambios en el orden global.

La nueva gran estrategia imperial está diseñada para reestablecer a escala global (en la era termonuclear) la famosa «diplomacia de cañoneras» impuesta a la dinastía Qing, por las principales potencias imperiales, durante el llamado «Siglo de la Humillación de China”, desde las Guerras del Opio hasta la Segunda Guerra Mundial y, que se materializó en 1860 con la destrucción británica del Palacio de Verano del emperador, hecho simbólico destinado a China (29).

En 1900, durante la llamada Rebelión de los Bóxers (Movimiento Yihetuan), las grandes potencias invadieron China, en la Alianza de Ocho Naciones (Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia, Alemania, Austria-Hungría, Italia, Japón y Rusia) cuyo objetivo fue forzar más tratados comerciales rotundamente desiguales. (30) La justificación dada en ese momento era que China necesitaba ajustarse a las “reglas” de comercio y a las reglas, dictadas por occidente. (31)

De manera análoga la actual gran estrategia imperial de Estados Unidos, pretende constreñir económica, geopolítica y militarmente a China, en conjunto una amplia alianza de potencias imperiales.

En última instancia, el objetivo es provocar la destrucción del Partido Comunista de China (PCCh) y unir a China al orden imperial del capital monopolista-financiero global, reduciendo al país a la condición de una nación subalterna permanente. El principal medio para lograrlo sería nuevamente un sistema de tratados desiguales —el orden internacional basado en reglas— impuesto por una coalición de grandes potencias, con Estados Unidos a la cabeza. (32)

El principal mecanismo para derrotar a China fue detallado en 2017 por el analista de política exterior de Harvard, Graham Allison, miembro del Consejo de Relaciones Exteriores, en su libro Destined for War: ¿Can America Escape the Thucydides Trap?, un trabajo muy elogiado por Biden, por el exsecretario de Estado de Estados Unidos Henry Kissinger, y por el exdirector de la CIA y excomandante del Comando Central de Estados Unidos, David Petraeus.

En palabras de Graham Allison:

“Las fuerzas estadounidenses podrían entrenar y apoyar de manera encubierta a los insurgentes separatistas, porque ya existen fisuras en el estado chino. El Tíbet es un territorio esencialmente ocupado. Xinjiang, una región tradicionalmente islámica en el oeste de China, también alberga un activo movimiento separatista uigur, responsable de librar una insurgencia de bajo nivel contra Beijing. Y los taiwaneses que observan la mano dura de Beijing en Hong Kong difícilmente necesitan que se les aliente para oponerse a la reunificación con un gobierno chino cada vez más autoritario. ¿Podría el apoyo de Estados Unidos a estos separatistas llevar a Pekín a conflictos con grupos islamistas radicales en Asia Central y Oriente Medio? Si es así, ¿podrían convertirse en atolladeros, como lo fue intervención soviética en Afganistán, donde los muyahidines «luchadores por la libertad» apoyados por Estados Unidos desangraron a la Unión Soviética?”

“Un esfuerzo sutil pero concentrado para acentuar las contradicciones en el núcleo de la ideología comunista china … podría, con el tiempo, socavar el régimen y alentar los movimientos independentistas en Taiwán, Xinjiang, Tíbet y Hong Kong. Al dividir a China en casa y mantener a Beijing envuelto en el mantenimiento de la estabilidad interna, Estados Unidos podría evitar, o al menos retrasar, el desafío de China al dominio estadounidense”. (33)

Todo lo escrito por G. Allison es ahora la nueva política de la Guerra Fría. (34) Al atacar a China con acusaciones de «genocidio» y «crímenes de lesa humanidad» Estados Unidos está justificando su Nueva Guerra Fría contra China, incluida una guerra híbrida muy real, que combina las sanciones políticas, económicas, financieras, tecnológicas, cibernéticas, con los medios militares abiertos y encubiertos más tradicionales. (35)

El «orden basado en reglas» y la nueva gran estrategia imperial de EEUU.

Con una fuerte influencia en la administración de Joe Biden, el principal teórico del orden internacional basado en reglas es G. John Ikenberry, un profesor asuntos internacionales en la Universidad de Princeton y miembro del Consejo de Relaciones Exteriores, (36) En un famoso ensayo de 2004 sobre «Liberalismo e imperio». sin negar que el pasado y en el presente de Estados Unidos se ha caracterizado por la dominación imperial (incluso citando a historiadores de izquierda como William Appleman Williams, Gabriel Kolko y Joyce Kolko) el teórico G. John Ikenberry se opone abiertamente a aquellos círculos de Washington que creen que Estados Unidos debe comportarse abiertamente como un Imperio. (37)

Una estrategia hegemónica más efectiva, argumenta Ikenberry, es utilizar el momento unipolar para establecer un orden internacional “basado en reglas” que asegure la dominación global de Estados Unidos y de Occidente como un hecho consumado, incluso frente a una eventual disminución del poder estadounidense. (38)

Cuando el ascenso histórico de China se hizo cada vez más evidente, Ikenberry insistió en artículo para Foreign Affairs (El ascenso de China y el futuro de Occidente, 2008) en que el «sistema capitalista globalizado y el orden internacional liberal occidental solo puede ser preservada si la hegemonía directa de Estados Unidos cede a un orden basado en reglas impuestas por el peso colectivo de Estados Unidos junto con sus principales aliados”. (39)

De esta manera, un “orden hegemónico liberal liderado por Estados Unidos podría asegurarse indefinidamente”. (40) Como señalara Hillary Clinton, es esencial evitar que surga un «mundo multipolar» construyendo en su lugar un «mundo de múltiples socios», dicho, en otros términos, un conjunto de alianzas y asociaciones lideradas por EEUU que garantizarían el dominio continuo de Washington en el siglo XXI. (41)

Esta concepción de un orden basado en reglas como medio de organizar una contrarrevolución global ha encontrado un fuerte apoyo bipartidista en el Parlamento y en el Pentágono. Para el secretario de defensa de Trump, James N. Mattis: “el mayor regalo que nos dejó la generación anterior fue un orden internacional basado en reglas. Mattis afirma que este orden tiene piezas claves “la OTAN, los mercados de capitales y los acuerdos comerciales de los que Estados Unidos es signatario”. Un sistema que todas luces no representan el derecho internacional, ni a las Naciones Unidas, sino más bien al espacio estratégico de acuerdos dominado por Estados Unidos. (42)

Por lo tanto, en el centro de toda la concepción de un orden internacional basado en reglas, según Ikenberry, está la superación de la ONU porque esta organización “esta orientada a considerar la igualdad soberana entre estados y un mundo policéntrico” que, “incluye a China y Rusia como miembros permanentes del Consejo de Seguridad”.

En cambio, el orden internacional basado en reglas está destinado a codificar los cambios introducidos en la década de 1990, estableciendo el «carácter contingente de la soberanía», de modo que las grandes potencias tienen el «derecho, incluso la obligación moral, de intervenir en determinados estados para prevenir las violaciones de los derechos humanos”.

“Las intervenciones de la OTAN en los Balcanes y la guerra contra Serbia, escribe Allison, “fueron acciones definitorias de este tipo”. (43) La doctrina del imperialismo humanitario basada en el “derecho a proteger” se ha convertido así en clave para la definición del orden internacional basado en reglas.

Esta noción del carácter contingente de la soberanía fue aclarada por Richard Haass (ex subsecretario de Estado en la presidencia de George W. Bush y actual jefe del Consejo de Relaciones Exteriores) quien explicó que el cambio a concepciones más limitadas de soberanía reflejaba una nueva visión hegemónica: “la soberanía no es un cheque en blanco, escribe, más bien, el estatus soberano depende del cumplimiento por cada Estado de ciertas obligaciones fundamentales, tanto para con sus propios ciudadanos como con la comunidad internacional. Cuando un régimen no cumple con esas responsabilidades o abusa de sus prerrogativas, corre el riesgo de perder sus privilegios soberanos, incluida, en casos extremos, su inmunidad frente a una intervención armada». (44)

Y cuando se trata de una intervención armada, Haass argumenta sin ambages: “Estados Unidos es el sheriff del orden internacional, mientras que el resto de la tríada sólo es una compañía». (45)  Y esto, aunque Estados Unidos se ha quejado de una agresión china, por que la nación asiática tiene una única base militar en Djibouti (África) mientras Washington como “sheriff global” tiene cerca de mil bases militares en todo el mundo y… muchas de ellas rodean a China. (46)

La doctrina de un orden internacional basado en reglas se ha utilizado para justificar tanto las continuas intervenciones militares de Estados Unidos y de la OTAN como los golpes de estado patrocinados por Washington en nombre de la promoción de la democracia y derechos humanos. (47)

En su último trabajo Ikenberry reconoce y define esta concepción: “El internacionalismo liberal ha estado implicado en intervenciones militares casi constantes durante la era del dominio global estadounidense” y con el neoliberalismo, “se ha establecido una plataforma de reglas e instituciones para las transacciones capitalistas”. (48)

La República Popular China: una superpotencia soberana emergente

Al comentar la Revolución de Taiping (1850-1864) en China, Karl Marx y Frederick Engels señalaron que esos acontecimientos eran el nacimiento del «socialismo chino», pero que los reaccionario europeos “no tardaran en mandar sus ejércitos” (49).

Seis años después de escribir ese artículo, el ejército británico y francés atacaron a China en la Segunda Guerra del Opio, y aprovecharon el desorden creado por la Revolución de Taiping para extender la imposición de tratados desiguales con China.  Producto de este conflicto – iniciado por los británicos en la Primera Guerra del Opio en 1839 – China se vio obligada a ceder Hong Kong a Gran Bretaña en 1842. (50)

Las guerras del opio, que introdujeron los británicos en China, dieron inicio al llamado Siglo de la Humillación, que terminó con la victoria de la Revolución China en 1949 y la fundación de la República Popular China. (51)  Los chinos consideran que un discurso Mao Zedong puso la rúbrica para terminar definitivamente con el período de la humillación: «El pueblo chino se ha levantado», dijo el 21 de septiembre de 1949, en la Primera Plenaria de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino.

En esa ocasión, Mao declaró:

“El pueblo chino, que comprende una cuarta parte de la humanidad, se ha puesto de pie. China siempre han sido una nación grande, valiente y trabajadora; sólo en los tiempos modernos se ha quedado atrás. Esto se debió enteramente a la opresión y explotación por parte del imperialismo extranjero y los gobiernos reaccionarios internos. Durante más de un siglo, nuestros antepasados ​​nunca dejaron de librar luchas inquebrantables contra los opresores nacionales y extranjeros, incluida la Revolución de 1911 dirigida por el Dr. Sun Yat-sen, el gran precursor de la revolución china … Hemos cerrado filas y derrotado a los enemigos extranjeros a través de la Guerra Popular de Liberación y, ahora proclamamos la fundación de la República Popular China… La nuestra ya no será una nación sujeta a insultos y humillaciones. Nos hemos levantado. (52)

Hoy, la República Popular de China sigue centrada, a lo que considera una lucha de un siglo, que culminará en 2049, para superar lo que Mao llamó una «historia de insultos y humillaciones» que se remonta a las Guerras del Opio. (53) Al hacerlo, ha iniciado un curso conocido como «El sueño de China», enunciado por Xi en noviembre de 2012, que hoy refleja el camino del desarrollo posrevolucionario chino.

“Solo defendiendo el socialismo con características chinas”, ha declarado Xi, “podremos unir y liderar al Partido, a toda la nación y a la gente de todos los grupos étnicos en la realización de una sociedad moderadamente próspera para el centenario del PCCh en 2021 y en convertir a China en un país socialista próspero, democrático, culturalmente avanzado y armonioso para el centenario de la República Popular China en 2049”. (54)

A estos objetivos ha agregado una visión a más largo plazo: crear una civilización ecológica y una sociedad China con la ecología vista como «la forma más inclusiva de bienestar público»(55). El primer objetivo del centenario, el de 2021, está ya cumplido. Pero aún queda por alcanzar el objetivo del segundo centenario. El centenario de la República Popular China, 2049, marcará a través de la «modernización socialista» un «rejuvenecimiento nacional», que ha triunfado a la opresión extranjera e interna que produjo la gran divergencia entre China y Occidente. (56)

Impulsada por este proyecto histórico soberano, China ha seguido siendo el enemigo del imperialismo con una fuerte e inquebrantable decisión de defender del sistema de soberanía estatal establecida de Westfalia.  China no solo defiende la llamada Paz de Westfalia y la Carta de la ONU, también respalda los objetivos antimperialistas de la Tercera Conferencia Mundial de Bandung (de 1995) que se fundamentó en el principio de autodeterminación de las naciones de VI Lenin. Esta famosa e importante Conferencia del llamado “tercer mundo” reafirmó la igualdad de derechos de los países en desarrollo y la importancia de un mundo policéntrico. (57)

Por su lado, Xi en 2017 articuló su postura antiimperialista en estos términos:

“Desde los principios de igualdad y soberanía establecidos en la Paz de Westfalia hace más de 360 ​​años hasta el humanitarismo internacional afirmado en la Convención de Ginebra, hace más de 150 años; desde los cuatro propósitos y siete principios consagrados en la Carta de la ONU hace más de 70 años hasta los Cinco Principios de Coexistencia Pacífica defendidos por la Conferencia de Bandung hace más de 60 años, muchos nuevos principios han surgido en la evolución de las relaciones internacionales y han sido ampliamente aceptados. Estos principios deberían guiarnos en la construcción de una comunidad de futuro compartido para la humanidad.

La igualdad soberana ha sido la norma más importante que gobierna las relaciones entre los estados durante los últimos siglos y, el principio cardinal observado por las Naciones Unidas y sus agencias e instituciones. La esencia de la igualdad soberana es que se debe respetar la soberanía y la dignidad de todas las naciones, sean grandes o pequeñas, fuertes o débiles, ricas o pobres; sus asuntos internos no admiten injerencias y tienen derecho a elegir independientemente su sistema social y su camino de desarrollo” (58).

La postura antiimperialista de China está estrechamente ligada a su reciente camino de desarrollo. Su extraordinario avance – cuadruplicando su economía desde finales de la década de 1970 y eliminando la pobreza absoluta – ha dependido no solo de su creciente integración en la economía mundial, sino también, y no menos importante, de las limitaciones que ha impuesto al carácter capitalista de esa integración (59).

En este sentido, es decisivo una serie de elementos de orientación socialista que distinguen al sistema chino: (1) propiedad social de la tierra, que en el campo todavía es administrada colectivamente por las comunidades aldeanas; (2) el control estatal del dinero y las finanzas; (3) la propiedad estatal de sectores claves de la industria, incluidos los bancos, lo que permite altas tasas de inversión; y (4) un sistema de planificación, complementario a la economía de mercado, dirigido mediante planes quinquenales.

En esta fase histórica para el Partido Comunista, las concepciones marxistas y dialécticas son fundamentales cumplir del proyecto soberano de China con “la creación de una democracia socialista, moderna y desarrollada. Un elemento central de su política es una “línea política de masas y una teoría y práctica revolucionaria para construir una democracia socialista” (60)

Estos atributos marcan a China como una sociedad posrevolucionaria que no es ni completamente capitalista ni completamente socialista, pero que sigue un camino de desarrollo que mantiene abierta la posibilidad de un movimiento continuo y permanente hacia el socialismo. (61)

El dinamismo interno de la economía china, su infraestructura altamente desarrollada y sus bajos costos laborales unitarios han atraído enormes inversiones por parte de corporaciones multinacionales, permitiendo que la nación se convierta en el nuevo taller del mundo en lo que ha sido denominada la Tercera Revolución Industrial, basada en la tecnología digital (62). Como consecuencia de la solidez de su sistema de planificación, China ha podido retener una porción mayor de la plusvalía – que la mayoría de los países en desarrollo – y ha creado asociaciones con multinacionales que le han permitido adquirir tecnologías avanzadas (63).

Si bien sigue siendo todavía un país relativamente pobre, con un ingreso per cápita que es una quinta parte del de Estados Unidos, China ha logrado pasar a la vanguardia de lo que Klaus Schwab, (presidente del Foro Económico Mundial) ha llamado la Cuarta Revolución Industrial representada por las novísimas tecnologías que fusionan los mundos físico, digital y biológico (64).

Es la destreza tecnológica de China y sus controles financieros los que limitan el poder del orden imperial dominado por Estados Unidos. Y, su afirmación geopolítica de una sola China, que incluye la recuperación de su territorio histórico, es uno de los factores que más perturba a los países capitalistas centrales. A Estados Unidos y a sus principales aliados imperiales les gustaría ver a China estrechamente unida a lo que Thomas Friedman llamó la «camisa de fuerza de oro» del orden globalizado imperante; un sistema diseñado para imponer restricciones a las libertades políticas y económicas de las naciones y constreñir su desarrollo contra las reglas impuestas de facto por el poder del Imperio (65).

Parte del actual rejuvenecimiento histórico de China – tal como lo concibe hoy Beijing – está relacionada con la resurrección de la Ruta de la Seda, una antigua ruta comercial que se extendía desde China hasta Europa. En el otoño de 2013, Xi propuso un vasto proyecto que involucra la construcción de un cinturón económico que se extiende desde el sur y centro de Asia hasta Oriente Medio y Europa. Junto a este proyecto, en marcha, se construye la llamada Ruta de la Seda Marítima, que deberá conectar a China – con el sudeste asiático, Oriente Medio, África, Europa y América Latina – a través de los mares y océanos.

Como nación fundadora de la Iniciativa “One Belt and Road” China proporcionó el capital inicial, pero a continuación invitó a todos los países del mundo a sumarse al financiamiento y planificación de estas nuevas infraestructuras. Treinta y nueve países del África subsahariana, treinta y cuatro de Europa y Asia central, veinticinco en Asia oriental y el Pacífico, dieciocho en América Latina y el Caribe, diecisiete del Medio Oriente y África del Norte y seis del Sur ya se han sumado a la Iniciativa “One Belt, One Road”.

En total, la Iniciativa de la Franja y la Ruta abarca a 139 países, es decir a cerca de dos tercios de la población mundial. Como señaló con mucho disgusto el Consejo de Relaciones Exteriores estadounidense: «Xi Jinping invita a los jefes de estado a China a la Iniciativa “One Belt, One Road” para crear la sensación que Beijing es una potencia económica a la par con Estados Unidos” (66).

El COVID en medio del conflicto

En la reunión de Anchorage, el secretario de estado Tony Blinken quiso elogiar los esfuerzos de la actual administración estadounidense para controlar de la pandemia de COVID-1967.  Sin duda, su homólogo chino se estaba sonriendo tras su mascarilla. En mayo de 2021, Estados Unidos registró más de seiscientas mil muertes por el COVID, una tasa de mortalidad de más de 1.800 muertes por millón. En contraste, China ha experimentado menos de cinco mil muertes, una tasa de 3 muertes por millón (68).

El gobierno chino años antes, y al más alto nivel, ya había alertado del peligro de la aparición de nuevas pandemias y, en consecuencia, estaba mucho mejor preparado. En 2017, Xi declaró ante la Asamblea General de la ONU: “Enfermedades pandémicas como la gripe aviar, el Ébola y el Zika han hecho sonar la alarma para la seguridad sanitaria internacional. La OMS [Organización Mundial de la Salud] debería desempeñar un papel de líder en el fortalecimiento del seguimiento de las epidemias y en el intercambio de información, con mejores prácticas y nuevas tecnologías. La comunidad internacional debe intensificar el apoyo y la asistencia a la salud pública en los países africanos y otros países en desarrollo” (69)

Frente a la aparición de un nuevo coronavirus (SARS-COV-2), en los primeros días el gobierno chino dio varios pasos en falso a nivel local, pero a continuación el estado chino atacó directamente a la epidemia con toda su fuerza, lo hizo en cooperación con la población, que se auto-movilizó bajo el modelo de “guerra popular revolucionaria”, concepto que involucra la organización local. Esta movilización revolucionaria en respuesta a la epidemia tuvo un éxito rotundo, y mostró al mundo la solidez interna de su organización política y el enorme potencial del pueblo chino (70).

China ha declarado que sus vacunas COVID-19 constituyen un «bien público». Ya en abril de 2021, China había donado y exportado el 48 por ciento de sus vacunas de fabricación nacional, a ochenta países y ha donado vacunas a otras cuarenta naciones.

Mientras tanto, Estados Unidos y Reino Unido ha compartido sus vacunas con cero países, al tiempo que insiste en mantener las patentes privadas para sus vacunas. Para el 1 de junio, China había compartido (exportaciones y donaciones) 323,3 millones de dosis, la Unión Europea había compartido 143,8 millones, en su mayoría con otros países desarrollados, y Estados Unidos había compartido apenas 7,5 millones de dosis (71)

Washington ha acusado a China de «diplomacia de las vacunas» y ha sugerido que está rompiendo el orden basado en reglas para «superar a Estados Unidos y sus aliados» en el mercado internacional de vacunas (72). China está produciendo alrededor de cinco mil millones de dosis al año, la mayoría de las cuales compartirá solidariamente, como un bien público, con el mundo en desarrollo (73).

La Tercera Revolución de China y la Contrarrevolución Global liderada por Estados Unidos

En el informe del 18 de octubre de 2017 al Decimonoveno Congreso Nacional del PCCh, Xi afirmó que “la nación china, que desde que comenzaron los tiempos modernos había soportado tanto durante tanto tiempo [alusión a las Guerras del Opio y al Siglo de la Humillación], ha logrado una transformación tremenda. China se ha levantado, mejorado y ha fortalecido, llegando a abrazar una perspectiva de rejuvenecimiento»(74).

Para aquellos que conocen la historia de la República Popular China, está claro que Xi estaba hablando de todo el proceso revolucionario. Mao declaró que, con la Revolución, China se había levantado y, la era de Deng, es aludida como el inició del proceso de rejuvenecimiento nacional.

La Nueva Era, en el período del liderazgo de Xi, se ha dirigido a la construcción de un sistema chino fuerte, autosuficiente y sostenible, destinado a «construir una sociedad moderadamente próspera en todos los aspectos» para 2021, y «avanzar con toda la energía para haber construido un gran país socialista moderno en 2049”. (75)

Cada etapa de la Revolución China ha significado un cambio importante en el proceso revolucionario, los períodos de Mao, Deng y Xi a veces se denominan muchas veces como Primera, Segunda y Tercera Revolución China. (76)

La «principal contradicción» en la Nueva Era (o Tercera Revolución), cuya superación es necesaria para que China alcance sus objetivos, según Xi, es la naturaleza «desequilibrada» o desigual y, por tanto, «inadecuada» del desarrollo chino, característica del modelo de crecimiento capitalista. Esta contradicción se manifiesta en la profundización de la desigualdad de clases, las divisiones entre las zonas rurales y urbanas, la promoción del desarrollo económico a expensas del desarrollo cultural y de una relación humana insostenible con el medio ambiente. (77)

Por tanto, los cambios motivados por los ideales socialistas hacia una mayor igualdad económica, autosuficiencia nacional, civilización ecológica, revitalización rural, desarrollo cultural y forja de un modelo de «circulación dual» (diseñado para reducir la dependencia de China de los mercados y la tecnología extranjeros) son decisivos para el surgimiento en China de una «gran sociedad socialista moderna». (78)

El liderazgo del PCCh ha definido a China como «el país en desarrollo más grande del mundo en una etapa primaria del socialismo», que debe cultivar solidariamente sus conexiones directas con el Sur Global, porque China “es parte del Sur Global”. Su postura internacional oficial está dictada por los “cinco principios de coexistencia pacífica”: (1) respeto mutuo por la soberanía e integridad territorial, (2) no agresión mutua, (3) no interferencia mutua en los asuntos internos de cada país, (4) igualdad y beneficio mutuo, y (5) convivencia pacífica. (79)

Aunque China, como potencia global emergente, ha sido acusada de “buscar revertir el orden internacional existente basado en reglas”, impuesto, hay que decirlo, por los estados capitalistas centrales, esto no significa de ninguna manera “la anarquía” como lo afirmó Tony Blinken, el 18 de marzo en Anchorage. En respuesta la parte China ha adoptado una fuerte defensa del concepto de igualdad soberana, que necesariamente va contra de la estructura del sistema imperial existente. (80)

El camino a seguir por la Tercera Revolución de China no será, por supuesto, fácil, y lo que Xi ha llamado la «contradicción principal» en forma de desarrollo desigual es evidente por las intensas luchas que tienen lugar en la sociedad china y en su relación con el poder imperial.

No sería exagerado decir que la Tercera Revolución de China ha sido recibida por Estados Unidos, y por las otras potencias capitalistas centrales, con una combinación de incredulidad, conmoción e ira. Occidente no está acostumbrado a pensar histórica y dialécticamente, sus intelectuales se sostienen apuntalados por marcos de análisis formalistas y creen en el inevitable triunfo del capitalismo. Nuestra ideología dominante ha sido literalmente el «fin de la historia». (81)

El proyecto soberano chino eventualmente conducirá a un desafío crítico del orden capitalista e imperialista existente, y esta inmensa nación en lugar ser absorbido por el sistema reinante (como lo creía ingenuamente Washington) está abriendo las puertas a nuevo futuro para el Sur Global.

En febrero de 1018 Kurt M. Campbell, ex secretario de Estado adjunto para Asuntos de Asia Oriental y el Pacífico en la administración Obama, reconoció tardíamente que «el poder y la hegemonía de Estados Unidos no logrará moldear a China a nuestro gusto » porque, “ese país es completamente ajeno al establishment estadounidense” … Y, en estos días, ha sido aún más impactante para Occidente descubrir que la Nueva Era China comienza a parecerse en muchos más a la China revolucionaria de Mao que a la época de las reformas de Deng. (82)

La respuesta enfurecida de la élite estadounidense al compromiso inquebrantable de China con su propio proyecto soberano ha sido lanzar una Nueva Guerra Fría, que también incluye a sus aliados: Rusia e Irán. En los círculos de la clase dominante estadounidense están convencidos que se trata de una nueva guerra por la hegemonía

El intelectual del sistema Graham Allison (influente asesor de Biden) concibe esta guerra como un conflicto por la imposición imperial de tratados desiguales a China. Para sostener su tesis hace analisis a-histórico asociado con una supuesta perspectiva «realista» derivada de los escritos de Tucídides, el antiguo historiador griego de la guerra del Peloponeso, quien escribió en 411 a. C. «fue el surgimiento de Atenas y el miedo que esta nueva potencia lo que hizo inevitable la guerra con Esparta». (83)

Por el contrario, desde una perspectiva marxista, cualquier valoración de la transición hegemónica del mundo moderno debe estudiarse como el producto de la dinámica interna de la economía mundial capitalista, que se ha caracterizado a lo largo de su historia por tener un sistema imperialismo en su núcleo que controla su periferia y que origina guerras periódicas por la hegemonía imperial: esto, históricamente,  es la única “respuesta” que el sistema capitalista es capaz de dar a la cuestión del poder mundial. (84)

Evidenciando esta lógica, la Nueva Guerra Fría contra China, iniciada por Estados Unidos, busca unir a los principales estados capitalistas imperiales en una alianza global contra Beijing.

Esta estrategia imperial, reconoce que China es demasiado grande para ser conquistada, y demasiado grande para permitir que su economía fracase. Lo que se requiere, por lo tanto, según el Consenso de Washington, es una contrarrevolución dirigida a reimponer un nuevo conjunto de tratados desiguales con China y con la mayor parte del mundo en desarrollo.

El objetivo es constreñir a China. Por último, esta estrategia debe ser respaldada por la fuerza militar. Esto era lo que la secretaria de Estado de Bill Clinton, Madeleine Albright, llamó «multilateralismo asertivo». En este contexto para Hillary Clinton, (hablando en Chatham House el 6 de mayo de 2021) Estados Unidos deber “recuperar los medios de producción” para garantizar que China se mantenga como un estado subalterno. (85)

Decir que estas condiciones ponen a la población mundial en una era de peligro casi sin precedentes sería quedarse corto. Ninguna Nueva Guerra Fría puede tener lugar sin una carrera armamentística y el peligro de guerra termonuclear. China, cuyas ojivas nucleares están por debajo de los 200, en comparación con las 1.400 ojivas nucleares desplegadas por Estados Unidos, está buscando duplicar su número de ojivas para 2030.

Estados Unidos, por su parte, se ha comprometido a gastar 500.000 millones de dólares, solo sus fuerzas nucleares durante la próxima década. 50 mil millones dólares al año que incluyen $ 100 mil millones a su llamado Programa Disuasivo Estratégico Terrestre, un sistema de misiles nucleares diseñado para reemplazar el envejecido sistema de Misiles Balísticos Intercontinentales, Minuteman III. (86)

El mundo sobrevivió a la primera Guerra Fría. No sabemos si sobrevivirá a esta Nueva Guerra Fría. La humanidad del siglo XXI se enfrenta ahora, en todos los ámbitos de su existencia, a una elección ineludible: «ruina o revolución». (87)

NOTAS

↩ Thomas J. Christensen, » No habrá una nueva guerra fría «, Foreign Affairs , 24 de marzo de 2021. Sobre el Consejo de Relaciones Exteriores y la administración Biden, véase Laurence H. Shoup, » The Council on Foreign Relations, the Biden Team y Key Policy Outcomes ”, Revisión mensual 73, no. 1 (Mayo de 2021): 1–21.

↩ Christensen, «No habrá una nueva guerra fría». La mayoría de los argumentos de Christensen se basan en la suposición tácita de que una Nueva Guerra Fría tomaría exactamente la misma forma que la antigua Guerra Fría. Por supuesto, este es un nombre inapropiado. La historia no se repite de esa manera.

↩ Para una descripción persuasiva del orden imperialista imperante, consulte Cheng Enfu y Lu Baolin, “ Five Characteristics of Neoimperialism ”, Monthly Review 73, no. 1 (Mayo de 2021): 22–58.

↩ “ How It Happened: Transcript of the US-China Opening Dismarks in Alaska ”, NIKKEI Asia , 19 de marzo de 2021.

↩ “ Declaración conjunta de los líderes de la cuadrilla : ‘El espíritu de la cuadrilla ‘”, Casa Blanca, 12 de marzo de 2021.

↩ “ Relaciones entre Estados Unidos y China en la era Biden: una línea de tiempo ” , informe de China , 13 de mayo de 2021.

↩ “ Estados Unidos sanciona a 24 funcionarios de China y Hong Kong antes de las conversaciones ”, S. News , 17 de marzo de 2021.

↩ «Cómo sucedió».

↩ «Cómo sucedió».

↩ «Cómo sucedió».

↩ «Cómo sucedió».

↩ Thomas Wright, » Estados Unidos y China finalmente se vuelven reales » , Atlantic , 21 de marzo de 2021.

↩ David Stilwell y Dan Negrea, “Se buscan redes de alianza para una nueva guerra fría ”, National Interest , 28 de marzo de 2021.

↩ «Relaciones entre Estados Unidos y China en la era Biden».

↩ “Biden: Xi Jinping de China no tiene ‘un hueso… democrático en su cuerpo’”, USA Today , 25 de marzo de 2021.

↩ “Guerra comercial: la administración de Biden no está lista para ‘deshacerse’ de los aranceles de China, pero está abierta a conversaciones” , Forbes , 28 de marzo de 2021; “Biden ha dejado vigentes los aranceles de Trump a China” , CNN , 25 de marzo de 2021; John Bellamy Foster e Intan Suwandi, “ COVID-19 y el capitalismo catastrófico ”, Revista mensual 72 no. 2 (junio de 2020): 14–15.

↩ “En el informe, la administración Biden formaliza la declaración de genocidio en China”, Seattle Times , 30 de marzo de 2021. Decir que las acusaciones de genocidio son falsas no es, por supuesto, negar que ha tenido lugar la represión. Pero el problema sigue siendo el primero. Las afirmaciones de «genocidio» chino en Xinjiang constituyen uno de los casos más extremos de la técnica de propaganda de la Gran Mentira en los tiempos modernos. Aunque China ha ejercido represión en su Región Autónoma de Xinjiang en respuesta a la actividad terrorista en la región, la evidencia apunta a una realidad muy alejada de cualquier cosa que se parezca al genocidio. Ver «Xinjiang: A Report and Resource Compilation», Qiao Collective, 1 de septiembre de 2020; “ La determinación del genocidio de Xinjiang como agenda, ”Fundación Transnacional para la Paz y la Investigación Futura, 27 de abril de 2021; Kim Petersen, “¿El West Repitiendo alegan que China genocidio cometido en Xinjiang Reify Se ?,” Dissident Voz , 22 de febrero de 2021. Incluso el Consejo de Relaciones Exteriores ha señalado que lo que hay indicios de represión no muy entrenados la definición de genocidio en la Convención de Ginebra. John B. Bellinger III, «China Abuse of the Uighurs: Does the Genocide Label Fit?» , “ Todas las preguntas que los socialistas tienen sobre China pero que tenían demasiado miedo de hacer ” , Challenge , 24 de mayo de 2021.

↩ «Relaciones entre Estados Unidos y China en la era Biden».

↩ “China critica la reunión entre Estados Unidos y China mientras Biden flexiona nuevo músculo diplomático contra Beijing”, S. News , 3 de mayo de 2021; Peter Beinart, «La política de Taiwán de Biden es verdaderamente, profundamente imprudente», New York Times , 5 de mayo de 2021; Xi Jinping, La gobernanza de China , vol. 1, 2ª ed. (Beijing: Foreign Languages ​​Press, 2018), 2; Xi Jinping, La gobernanza de China , vol. 3 (Beijing: Foreign Languages ​​Press, 2020), 26.

↩ “ Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores y Desarrollo del G7: Comunicado ”, Acción Exterior de la Unión Europea, 5 de mayo de 2021.

↩ “EE. UU., Rusia y China se tocan en el Consejo de Seguridad de la ONU” , Reuters , 7 de mayo de 2021.

↩ “Biden ordena revisión de los orígenes de COVID mientras se debate la teoría de fugas de laboratorio” , Reuters , 27 de mayo de 2021; «El zar de Asia de Biden dice que la era del compromiso con China ha terminado» , Bloomberg , 26 de mayo de 2021.

↩ “China dice que Estados Unidos está aumentando la actividad militar dirigida a eso ”, Associated Press News , 29 de abril de 2021; “La actividad militar estadounidense en las fronteras de China ha ‘aumentado drásticamente’ desde que Biden asumió el cargo”, Morning Star , 6 de abril de 2021; Sam LaGrone, “ S. Carrier Strike Group, buques de guerra anfibios se concentran en el mar de China Meridional mientras las tensiones regionales hierven a fuego lento ”, USNI News , 9 de abril de 2021; Rick Rozoff, “ Derecho internacional frente al orden internacional basado en reglas: China, Rusia llama a la cumbre del Consejo de Seguridad de la ONU ”, Anti-Bellum , 23 de marzo de 2021; » Estados Unidos tiene una presencia masiva en Asia y el Pacífico «, The World , 11 de agosto de 2017.

↩ John Ikenberry, Liberal Leviathan (New Haven: Yale University Press, 2020), 97–98, 144, 207, 234, 273; Joe Biden, » Por qué Estados Unidos debe liderar de nuevo «, Foreign Affairs 99, no. 2 (2020); Stephen M. Walt, «China también quiere un orden internacional basado en reglas», Foreign Policy , 31 de marzo de 2021. Sobre China y el sistema de Westfalia, véase Xi Jinping, The Governance of China , vol. 2 (Beijing: Foreign Languages ​​Press, 2017), 590.

↩ “ Conferencia de prensa habitual del portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores Wang Wenbin el 6 de mayo de 2021 ”, Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Popular China, 6 de mayo de 2021.

↩ Véase John Bellamy Foster, Naked Imperialism (Nueva York: Monthly Review Press, 2006).

↩ Diana Johnstone, Fool’s Crusade: Yugoslavia, NATO, and Western Delusions (Nueva York: Monthly Review Press, 2002); Jean Bricmont, Imperialismo humanitario: uso de los derechos humanos para vender la guerra (Nueva York: Monthly Review Press, 2006); Horace Campbell, Global OTAN and the Catastrophic Failure in Libia (Nueva York: Monthly Review Press, 2013).

↩ “ Conferencia de prensa habitual del portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Wang Wenbin, el 6 de mayo de 2021 ”.

↩ Matt Schiavenza, “Cómo la humillación impulsó la historia china moderna” , Atlantic , 25 de octubre de 2013; Xi, La gobernanza de China , vol. 2, 269–70. Las narrativas chinas no enfatizan la noción del Siglo de la Humillación, ya que esta historia es bien conocida y dolorosa, prefiriendo aludir a ella indirectamente, o referirse a las Guerras del Opio. Más bien se hace hincapié en el rejuvenecimiento. Sin embargo, la noción del siglo de la humillación de China es una coordenada central de las discusiones militares estadounidenses sobre China. Véase Elizabeth C. Economy, The Third Revolution: Xi Jinping and the New Chinese State (Oxford: Oxford University Press, 2018), 3; Mayor Daniel W. McLaughlin, “Reescribiendo las reglas: Analizando los esfuerzos de la República Popular China para establecer nuevas reglas internacionales ”, Journal of Indo-Pacific Affairs: The Department of the Air Force’s Professional Journal for America’s Priority Theatre , 8 de marzo de 2021.

↩ S. Stavrianos , Global Rift (Nueva York: William Morrow, 1981), 309–32; Dong Wang, “El discurso de los tratados desiguales en la China moderna”, Pacific Affairs 76, no. 3 (2003): 399–425. Sería un error, como ha argumentado Wang Hui, decir que la modernización en China fue impulsada por el impacto de las Guerras del Opio. Más bien, China ya estaba atravesando su propio proceso de modernización. Wang Hui, The End of Revolution (Londres: Verso, 2009), 126-29.

↩ Irónicamente, esta noción imperialista fue quizás mejor expresada por George Bernard Shaw en su redacción de Fabianismo e imperio: un manifiesto de la Sociedad Fabiana , donde Shaw declaró que Gran Bretaña tenía razón en sus guerras imperialistas diseñadas para hacer cumplir los “derechos internacionales de comercio y viaje”. … Si los propios chinos no pueden establecer el orden en nuestro sentido, las potencias deben establecerlo para ellos «. George Bernard Shaw, Fabianism and Empire: A Manifesto of the Fabian Society (Londres: Grant Richards, 1900), 44–47.

↩ Véase John Bellamy Foster, “ China 2020: An Introduction ”, Monthly Review 72, no. 5 (octubre de 2020): 1–5.

↩ Graham Allison, Destined for War: ¿Pueden Estados Unidos y China escapar de la trampa de Tucídides? (Boston: Houghton Mifflin Harcourt, 2017), 224-25.

↩ Vijay Prashad y Jie Xiong, “ Por qué Xinjiang está emergiendo como el epicentro de la guerra de Estados Unidos contra China ”, People’s Dispatch , 17 de abril de 2021; «‘Wipe Out China’: Activistas uigures financiados por Estados Unidos se entrenan como soldados de infantería armados para el Imperio» , Grayzone , 31 de marzo de 2021.

↩ Sobre las acusaciones falsas y sin pruebas de «genocidio» y «crímenes de lesa humanidad» dirigidas a China con respecto a Xinjiang, y la relación de esto con la gran estrategia imperial de EE. UU., Véase Max Blumenthal, «Xinjiang Shakedown: US Anti-China Lobby Cobraron en la campaña ‘Trabajo forzoso’ que les costó el trabajo a los trabajadores uigures ” , Grayzone , 30 de abril de 2021; Gareth Porter y Max Blumenthal, “La acusación del ‘genocidio’ de China por parte del Departamento de Estado de EE. UU. Se basó en el abuso de datos y las afirmaciones infundadas de un ideólogo de extrema derecha” , Grayzone , 18 de febrero de 2021.

↩ Michael Hirsh, “ Why Liberal Internationalism Is Still Indispensable and Fixable ”, Foreign Policy , 5 de diciembre de 2012.

↩ John Ikenberry, “Liberalismo e imperio: lógica del orden en la era unipolar estadounidense”, Review of International Studies 30, no. 4 (2004): 611; Ikenberry, Un mundo seguro para la democracia (New Haven: Yale University Press, 2020), 297; William Appleman Williams, The Tragedy of American Diplomacy (Nueva York: Dell, 1972); Gabriel y Joyce Kolko, The Limits of Power (Nueva York: Harper and Row, 1972).

↩ Consulte “ La seguridad de Australia y el orden basado en reglas ”, Lowy Institute, 12 de marzo de 2021.

↩ John Ikenberry, “El ascenso de China y el futuro de Occidente”, Foreign Affairs 87, no. 1 (2008): 32–34.

↩ Ikenberry, Leviatán liberal , 281.

↩ Hillary Clinton (discurso, Council on Foreign Relations, Washington DC, 15 de julio de 2009), citado en Ikenberry, Liberal Leviathan , 325.

↩ Robert F. Worth, “ ¿Puede Jim Mattis mantener la línea en el gabinete de guerra de Trump? , ” Revista del New York Times, 26 de marzo de 2018. La política de Trump desde el principio fue participar en una Nueva Guerra Fría con China, mientras se llegaba a una distensión con Rusia. Al final, el resultado bipartidista fue atacar tanto a China como a Rusia, tratados como un monstruo de dos cabezas, pero con la Nueva Guerra Fría con China como principal directiva de la administración. Aunque Mattis, como secretario de defensa de Trump, trató de convertir en arma la noción del orden internacional basado en reglas, el propio Trump no se adhirió a la noción, y se opuso firmemente no solo por Mattis sino también por Blinken, el ahora secretario de Estado de Biden sobre esa base. Steve Bannon, asesor de Trump en la Casa Blanca, refiriéndose a la presentación de Mattis, habría dicho: «si te levantaste y amenazaste con dispararle [a Trump], no podría decir un orden internacional basado en las reglas de la posguerra». “La seguridad de Australia y el orden basado en reglas”;Foreign Policy , 28 de febrero de 2017; John Bellamy Foster, Trump in the White House (Nueva York: Monthly Review Press, 2017), 32, 51–52, 84–85.

↩ Ikenberry, Leviatán liberal , 247; Samuel Moyn, “Soft Sells: On Liberal Internationalism” , Nation , 3 de octubre de 2011, 43.

↩ Richard Haass, “Sovereignty: Existing Rights, Evolving Responssibility” (conferencia, Universidad de Georgetown, 4 de enero de 2003), citado en Ikenberry, Liberal Leviathan , 249. Sobre Haass, véase Foster, Naked Imperialism , 97-106.

↩ Foster, Imperialismo desnudo , 115-16; Richard Haass, The Reluctant Sheriff: The United States After the Cold War (Nueva York: Council on Foreign Relations, 1997), 54, 93.

↩ Kurt M. Campbell y Ely Ratner, “ El ajuste de cuentas de China: cómo Beijing desafió las expectativas estadounidenses ”, Foreign Affairs 97, no. 2 (2018); Nick Turse, » Does the Pentagon Really Have 1.180 Foreign Bases » , Guernica , 9 de enero de 2011; “ El general estadounidense advierte que China está buscando activamente establecer una base naval en el Atlántico ”, The Hill , 7 de mayo de 2021; John Reed, “Rodeado: cómo Estados Unidos está rodeando a China con bases militares”, Foreign Policy , 20 de agosto de 2013; Economía, la tercera revolución , 213.

↩ Ikenberry ha argumentado recientemente que la nueva apertura a las llamadas intervenciones humanitarias se basa en el sistema westfaliano de soberanía de los estados. Pero esto va en contra de la sensación generalizada de que estas intervenciones, que han llevado a una guerra continua bajo los auspicios de Estados Unidos desde la década de 1990, constituyen de hecho un cambio fundamental en el orden internacional, identificado con la noción de orden internacional basado en reglas. Quizás debido al conflicto que esto plantea para la propia concepción del internacionalismo liberal de Ikenberry, en su último trabajo, ha abandonado en gran medida el término orden basado en reglas que él mismo hizo tanto por promover, y que ahora está asociado con un sistema de hegemonía liberal-intervencionista impuesta por Estados Unidos y sus aliados. IkenberryUn mundo seguro para la democracia , 298.

↩ Ikenberry, Un mundo seguro para la democracia , 245, 253, 276.

↩ Karl Marx y Frederick Engels, Obras completas , vol. 10 (Nueva York: International Publishers, 1975), 266–67, 672–73. Compárese con Samir Amin, “ China 2013 ”, Monthly Review 64, núm. 10 (marzo de 2013): 25. Sobre la revolución de Taiping, véase John Newsinger, “ The Taiping Peasant Revolt ”, Monthly Review 52, no. 5 (Octubre de 2000): 29–37.

↩ Marx fue quizás el principal crítico europeo de la Segunda Guerra del Opio. Véase Karl Marx y Frederick Engels, On Colonialism (Nueva York: International Publishers, 1972), 112-25, 212-25, 231-49; Samir Amin, “Precursores del mundo contemporáneo: la Comuna de París (1871) y la revolución de Taiping (1851–1864)”, Pensamiento crítico internacional 3, no. 2 (2013): 159–64.

↩ Amin, “China 2013”, 25–26.

↩ Mao Zedong, “¡ El pueblo chino se ha puesto de pie! ”(Discurso de apertura, Primera Sesión Plenaria de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, Beijing, 21 de septiembre de 1949), disponible en china.usc.edu.

↩ Xi, La gobernanza de China , vol. 1, 37; Xi Jinping, La gobernanza de China , vol. 3, 14; Allison, destinada a la guerra , 122.

↩ Xi, La gobernanza de China , vol. 1, 6-22; Xi, La gobernanza de China , vol. 2, 269.

↩ Xi, La gobernanza de China , vol. 3, 6, 20, 25, 417-24.

↩ Xi, La gobernanza de China , vol. 3, 20; Kenneth Pomeranz, The Great Divergence: China, Europe and the Making of the Modern World Economy (Princeton: Princeton University Press, 2000).

↩ Vijay Prashad, “ El Lenin internacionalista: autodeterminación y anticolonialismo ”, MR Online, 10 de agosto de 2020.

↩ Xi, La gobernanza de China , vol. 2, 590.

↩ Ikenberry, “El ascenso de China y el futuro de Occidente”, pág. 26; “ ¿Qué significa erradicar la pobreza absoluta? , ”Qiao Collective, 3 de diciembre de 2020; » El desarrollo económico de China en 40 años «, China Daily , consultado el 4 de junio de 2021.

↩ Amin, “China 2013”, 14–28; Foster, “China 2020”; Wang Hui, el siglo XX de China (Londres: Verso, 2016), 140; Xi, La gobernanza de China , vol. 2, 311-17, 352-58. Xi indica en las páginas anteriores su admiración por Marxism: For and Against de Robert Heilbroner (Nueva York: WW Norton, 1980). Véase también Xi, The Governance of China , vol. 3, 96–98.

↩ Amin, “China 2013”, pág . 26; Paul M. Sweezy, » Sociedad posrevolucionaria «, Revista mensual32, no. 6 (noviembre de 1980). El sistema político-económico de China a veces se denomina «capitalista de estado». Amin adoptó este término, por el bien de la argumentación, como una designación útil pero algo engañosa, reconociendo que tendía a simplificar demasiado. Para Amin, el capitalismo de estado era una fase necesaria en el desarrollo del socialismo para los países en desarrollo. Lo que importaba era el carácter particular del capitalismo de Estado, que en el caso chino se consideraba parte del largo camino hacia el socialismo. Más recientemente, la designación de «capitalista de estado» para China ha sido adoptada por el Consejo de Relaciones Exteriores. Otros, como Lowell Dittmer, un especialista de Asia Oriental en Berkeley, se refieren a la realidad actual de China, particularmente en la era Xi, como “una forma adoptiva china de socialismo de Estado, con características capitalistas limitadas (y estrechamente monitoreadas). ” Ninguna de las dos caracterizaciones captura del todo la complejidad de la formación social china actual, a la que los líderes chinos se refieren como una sociedad en la etapa primaria del socialismo. Véase Amin, “China 2013”, 20; Robert D. Blackwill y Jennifer M. Harris,Guerra por otros medios (Cambridge, MA: Harvard University Press, 2016), 36–37; Lowell Dittmer, “Transformación de la economía política china en la nueva era”, en Economía política de China en la época de Xi Jinping , ed. Lowell Ditmer (Singapur: World Scientifixa Publishing, 2021), 6–8.

↩ John Bellamy Foster y Robert McChesney, The Endless Crisis (Nueva York: Monthly Review Press, 2012), 155–83; Intan Suwandi, Value Chains (Nueva York: Monthly Review Press, 2019), 42–67.

↩ Peter A. Petri, “Rivalidad tecnológica”, en China 2049, ed. David Dollar, Yiping Huang y Yang Yao (Washington DC: Brookings Institution, 2020), 278–301; Amin, «China 2013», 24, 27.

↩ Klaus Schwab, Shaping the Fourth Industrial Revolution (Nueva York: Moneda, 2018); “Comparando Estados Unidos y China por economía”, Statistical Times, 15 de mayo de 2021; «Cómo pasó»; Xi, La gobernanza de China , 523.

↩ Thomas Friedman, The Lexus and the Olive Tree (Nueva York: Anchor, 2000), 101-11. Para China, su territorio histórico incluye no solo Hong Kong, Macao y Taiwán, sino también islas en el Mar de China Meridional que durante mucho tiempo fueron reconocidas como pertenecientes a China. Ver » Apoyo histórico a la postura territorial del Mar de China Meridional «, Ejecutivo Marítimo, 10 de agosto de 2019.

↩ David Sacks, “Iniciativa de la Franja y la Ruta de los países de China”, Consejo de Relaciones Exteriores, 24 de mayo de 2021; Xi, La gobernanza de China, vol. 1, 315-24; Xi, La gobernanza de China , vol. 2, 544–49.

↩ «Cómo sucedió».

↩ “Casos reportados y muertes por país o territorio”, Pandemia de coronavirus COVID-19, Worldometer, consultado el 1 de junio de 2021.

↩ Xi, La gobernanza de China, vol. 2, 594.

↩ Wang Hui, «Personalidad revolucionaria y la filosofía de la victoria: conmemoración del 150 aniversario de Lenin», Reading the China Dream (blog), 21 de abril de 2020.

↩ “ Por qué importa el internacionalismo de las vacunas en China ”, Colectivo Qiao, 8 de abril de 2021 [actualizado en junio de 2021]; “Las exportaciones de vacunas de la UE superan el número de inyecciones administradas a su propia gente” , Bloomberg , 14 de abril de 2021; “Vacunas de la UE: millones exportados a países ricos, menos a países pobres”, Brussels Times , 8 de mayo de 2021.

↩ “El secretario de Estado de los Estados Unidos, Antony Blinken, habla con el editor de FT, Roula Khalaf”, Financial Times, 4 de mayo de 2021; “ Estado de la orden: Evaluación de febrero de 2021 ”, Atlantic Council, 16 de marzo de 2021.

↩ “China cerca de producir 5 mil millones de dosis de vacunas COVID-19 por año”, CGTN, 21 de abril de 2021.

↩ Xi, La gobernanza de China, vol. 3, 12.

↩ Xi, La gobernanza de China, vol. 3, 12.

↩ Economía, la tercera revolución, 10-12.

↩ Xi, La gobernanza de China, vol. 3, 20. La traducción del texto aquí sigue una traducción oficial anterior del discurso de Xi, que utilizó el término contradicción principal en lugar de desafío principal. Véase Xi, “Asegurar una victoria decisiva en la construcción de una sociedad moderadamente próspera en todos los aspectos y luchar por el gran éxito del socialismo con características chinas para una nueva era” , Xinhua , 18 de octubre de 2017, pág. 16.

↩ Xi, La gobernanza de China, vol. 3, 20; «Lo que sabemos sobre la estrategia económica de ‘circulación dual’ de China», Reuters , 15 de septiembre de 2020.

↩ Xi, La gobernanza de China, vol. 3, 13, 79. En los últimos años, las élites del poder y los medios de comunicación occidentales han acusado con frecuencia que China ha instituido préstamos predatorios en África y otros países en desarrollo, diseñados para adquirir activos de esos países. Sin embargo, un estudio de la Universidad Johns Hopkins mostró lo contrario, lo que demuestra que China es más indulgente con respecto a los préstamos y las condicionalidades en las interacciones con los países en desarrollo que las instituciones financieras y los gobiernos occidentales. Véase Kevin Acker, Deborah Brautigam y Yufan Huang, “ Debt Relief with Chinese Characteristics ” (documento de trabajo núm. 39, Iniciativa de investigación de China en África, Escuela de Estudios Internacionales Avanzados Johns Hopkins, junio de 2020).

↩ «Cómo sucedió».

↩ Francis Fukuyama, El fin de la historia y el último hombre (Nueva York: Free Press, 1992).

↩ Campbell y Ratner, «The China Reckoning»; Orville Schell, «Crackdown in China: Worse and Worse», New York Times Magazine, 21 de Abril de 2016.

↩ Allison, destinada a la guerra, vii.

↩ Immanuel Wallerstein, La política de la economía mundial (Cambridge: Cambridge University Press, 1984), 37–46.

↩ Rick Rozoff, “ Sede de la OTAN: Ministros de Relaciones Exteriores de mil millones de personas lanzan el guante a China, Rusia ”, Anti-Bellum , 24 de marzo de 2021; Rozoff, “Derecho internacional vs. orden internacional basado en reglas”; Haass, The Reluctant Sheriff , 54, 93; Clinton citó en Danny Haiphong, «Off the Rails: New Report by Coorporate-Funded Think-Tank Reveals How Profit-Driven Moteives Drive New Cold War Against China», Covert Action Magazine , 5 de junio de 2021.

↩ Jeremy Kuzmarov, “¿Qué hay detrás del nuevo sistema de misiles nucleares de $ 100 mil millones de la administración Biden?, ” Acción encubierta , 9 de marzo de 2021; “Defense Primer: Ground Based Strategic disuasivo (GBSD) Capacidades”, Servicio de Investigación del Congreso, 10 de noviembre de 2020.

↩ Karl Marx y Frederick Engels, Irlanda y la cuestión irlandesa (Moscú: Progress Publishers, 1971), 142; Karl Marx y Frederick Engels, Obras completas, vol. 25, 153.

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