El Ministerio de la Defensa presentó el libro verde de la defensa nacional, cuyo objetivo es proteger y asegurar que los “recursos estratégicos” necesarios para el crecimiento y el desarrollo económico estén a disposición del país.
Aquí surgen las primeras dudas. Por qué un ejército cuya función está claramente definida en la Constitución se convierte en firme impulsor del crecimiento económico y en protector del ambiente, al mismo tiempo. Acaso no existen instituciones del Estado encargadas de dichos objetivos con mejor experticia en esos temas que un ministerio de defensa.
Visto así el asunto, quizás el verdadero propósito de la “doctrina verde” del ejército, sea el preservar el acceso, uso y disfrute de los beneficios económicos que genera la explotación del medio natural y sus recursos. En pocas palabras, profundizar en el modelo extractivista, para darle protección al propietario de las mineras, hidroeléctricas y demás industrias extractivas.
Otro asunto preocupante es que el tema de la seguridad nacional que se mezcla de manera mal explicada o quizás hasta mal intencionada con los temas de tierras comunales, territorios de pueblos indígenas y población rural, presentando la defensa y no la preservación de los recursos naturales, como un mecanismo para generar un valor estratégico, pero dejando afuera de toda protección la integridad de las personas y, sobre todo, el derecho de preservar su cosmovisión sobre la naturaleza y sus medios de vida.
El libro verde puntualiza en el papel del crecimiento económico y el papel que juegan los recursos naturales como capital natural, no como naturaleza, ni como recursos comunitarios, ni tampoco como bien natural. Es una defensa del orden neoliberal para el acceso a los bienes naturales.
Esa estrategia pretende impulsar procesos y modelos de uso y sostenibilidad sobre la base del concepto de “capital natural”, lo que implica reconocer a la naturaleza como activo financiero que puede explotarse para un beneficio particular, en función de convertir esos recursos en bienes económicos.
En otras palabras, es reconocer el acceso de los inversionistas a zonas protegidas, a utilizar los recursos de los territorios de los pueblos que ahí habitan y preservar las capacidades de explotación de los recursos, en desmedro de los medios de vida de las comunidades, a pesar que se diga lo contrario.
La cuestión clave es cómo se interpreta ese “valor estratégico” que dicen proteger, y cuál será la forma de alcanzar las capacidades que está nueva visión adopta. Al final son las respuestas las que definirán la política, pues el documento en mención, no aporta, ni clarifica en cómo se hará posible la protección de ese “valor estratégico”.
Lo que llama la atención es que dicho documento se presenta días antes del llamado que hace la Cámara de Industria para lo que ellos llaman “La batalla cultural”, que no es más que un posicionamiento sobre diversos temas de la agenda globalista que están de moda en el país.
Despierta bastante suspicacia ese hecho, tomando en cuenta que es la derecha fascista y ultra conservadora, que ahora conduce la Cámara de Industria, lo que en realidad está impulsando son “las ideas de la nueva derecha” latinoamericana, que felizmente coincide con el planteamiento “ambiental” que recoge el libro verde.
Al mismo tiempo existe toda una campaña institucional para dejar afuera de toda participación política al MLP, brazo político del movimiento campesino, a quién por cierto acusan de robo de electricidad y que desde el Congreso apuestan por una ley que convierta dicho movimiento en proscrito.
Por eso resulta bastante chocante que esta nueva doctrina empate a la perfección con esa visión dominante de convertir a la naturaleza en capital y en beneficios económicos, y que en paralelo se quiera brindar el acceso garantizado con protección militar a los bienes naturales llamados “recursos estratégicos”, para beneficios particular en desmedro de la gente. Y que el libro verde, pretenda proteger el extractivismo que impulsan las cámaras patronales, que no hacen más que destruir los medios de vida y el bienestar de los pueblos que habitan en los territorios, todo y más tiene esta nueva doctrina militar.

